17 Arte y Cultura - Foto de Paula Rosell

María Cañas, poéticas de una iconoclasta

Iconoclasia es irreverencia a lo políticamente correcto, es rebelión a lo socialmente aceptable, es desviación de los códigos preestablecidos, es copia y es apropiación. María Cañas practica la iconoclasia.

 

La obra de la artista sevillana María Cañas pasa por un trabajo de remezcla audiovisual lleno de humor, crítica, parodia y esperpento, en el que se dan cita imágenes de muy diversa procedencia. Sus obras son definidas con el término anglosajón found footage que hace referencia a la práctica artística basada en la creación de películas a partir de fragmentos de metraje ajeno que, a través de la intervención de la artista, se disponen en una nueva organización para dotar de nuevos significados a unas imágenes ya concebidas anteriormente.

María Cañas, en su labor de archivera, caníbal audiovisual y buñuelesca salvajemediática, como ella misma se define, trabaja desde el cine de apropiación más experimental para introducirse en los tópicos identitarios y proceder a su deconstrucción. Su heterogénea obra dificulta una catalogación taxonómica en estilos o tendencias, pero si algo caracteriza la inquietud de la artista es la necesidad de traducir los signos impuestos sobre la cultura para cambiar los códigos de significado que se presuponía de ellos, ejercer la iconoclasia con tintes poéticos se convierte pues en su motor creativo.

La totalidad del trabajo de la artista se presenta como un tejido audiovisual en el que entran a formar parte pasiones e inquietudes locales y transnacionales, a partir de la unión de imágenes de la alta y la baja cultura. Para ella todo forma parte del mismo detritus audiovisual que la historia ha ido generando y sedimentando en el archivo de la memoria y respecto al cual siente la necesidad de reactivar su potencial creativo. Así pues, acude a imágenes procedentes del cine clásico, la historia del arte, la televisión, el NO-DO y los archivos públicos de internet para combinarlas a través de su característico juego de humor crítico con el que no deja de sorprender al espectador que se reencuentra con imágenes ya conocidas.

Mientras en algunas obras parte del análisis de temas tan trascendentes como el amor, la soledad y la muerte, en otras señala directamente las consecuencias derivadas de la excesiva presencia tecnológica en la época actual, como muestra en su última creación La mano que trina (2015). Toda esta amalgama de imágenes y temáticas queda reubicada bajo un desorden aparente que dispara la imaginación y obliga a repensar el vínculo original entre significante y significado. El camino que toma hacia la reflexión sobre las imágenes lo realiza, también, a través de un doble vínculo, la creación de situaciones en las que se emiten mensajes diferentes o contradictorios para desactivar los códigos preestablecidos.

La técnica del collage audiovisual que practica María Cañas le permite desarrollar un trabajo político de subversión y resistencia (o, como ella define, risastencia). Haciendo uso del material de archivo, termina generando nuevas imágenes en las que la superposición de figuras y significados, con una estética cercana al horror vacui, le permite experimentar la vida desde la contradicción para cuestionar los tópicos y estereotipos generalizados. La labor de apropiacionismo cínico y descarado como resultado de la combinación del juego y la experimentación en manos de la artista constituye, sin lugar a dudas, una aportación importante para la reescritura del arte y la lucha por la representación legitimada. Así por ejemplo, el humor como crítica social y animación popular se hace evidente en el vídeo Sé villana, la Sevilla del Diablo (2015), un homenaje a la creación popular y a la rebelión de la humanidad. En esta obra, María Cañas hace alusión a los clichés ligados a la idiosincrasia andaluza, extendiéndolos e hibridándolos con la cultura española y transnacional con el objetivo de desactivarlos.

La mirada reflexiva de María Cañas sobre la sociedad, la cultura impuesta y las relaciones personales implica también un cuestionamiento del signo «mujer». La posición que toma la artista con respecto a las teorías feministas se acerca a la idea de la mujer como mito político desde el que subvertir la hegemonía de la representación del sujeto femenino como biogénero. La mujer que defiende María Cañas en su obra plástica es heredera de la idea del género como performatividad de Judith Butler y de la imagen del ciborg propuesta por Donna Haraway, una mujer que da cabida a la pluralidad de identidades. En este sentido, la artista se convierte en sus obras en una traductora de procedimientos subliminales utilizados principalmente por los media, una especie de descodificadora de la información sexista que subyace por debajo de los mensajes más evidentes. Consigue así romper los estereotipos del orden preestablecido mediante la fabricación de nuevas imágenes rizomáticas, abiertas a fracturas y contradicciones. De este modo, la mujer que aparece en las obras de la sevillana se presenta bajo un aspecto delictivo y desafiante. Son mujeres salvajes, anárquicas, sin restricciones, poderosas e insurgentes. Muestra de ello es la pieza de vídeo Ellas dan el golpe, incluida en la recopilación Fuera de Serie (2012), en la que se suman diferentes fragmentos audiovisuales procedentes de series de humor y ficción televisiva en las que la mujer abandona el papel tradicional que le era asignado: madre, esposa o enfermera, para convertirse en guerrillera y terrorista que ataca con violencia al sexo dominante.

La obra de María Cañas supone un interesante trabajo que pasa por releer la historia del pasado para construir un nuevo presente. Su trabajo permite acercar el espectador a su entorno visual de una forma diametralmente distinta, otorga las herramientas para ver, palpar, oír y pensar las imágenes que lo rodean con mayor profundidad de la que está acostumbrado por los cauces del mercado, la información masiva y las redes de la sociedad del espectáculo que caracterizan nuestra época.

Además, la remezcla desenfadada que hace de la cita culta con la cita cotidiana o popular le permite romper con los tópicos y clichés que normativizan la producción artística y la reducen a una élite social. Solo desde esta perspectiva abierta, libre e iconoclasta es posible llevar a cabo la desarticulación de los discursos impuestos por la historia, la historia del arte y el cine clásico, parodiando así sus pretensiones de verdad absoluta.

por [Marta Barceló]

Historiadora del arte e investigadora

 

Compartir y Disfrutar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


− 5 = cuatro