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La invasión de las ladronas de huecos

Una plaga azota la ciudad. Y hay que reconocer que la situación guarda cierto paralelismo con el argumento de aquella película de serie B de los años cincuenta en la que unas vainas extraterrestres adoptaban apariencia conocida para mezclarse entre la población. A este ser alado lo describen de un verde rabioso, alegre y dicharachero al principio, que poco a poco se transforma en un vecino molesto y agresivo al que temen hasta las ratas. De una mascota simpática, a una plaga sin control, llegada para usurpar los huecos en el corazón mismo de esta mariana ciudad; desde los mechinales de la Catedral y el Salvador, donde cría el famoso cernícalo primilla, a los grandes árboles en el interior de los parques históricos. Y aunque no sabemos cuáles son los objetivos políticos de las cotorras, está claro que han conseguido llevar el debate ético de las medidas de control a la agenda mediática de la ciudad. Naturalmente, si la especie invasora fuera un insecto desagradable Vd. no estaría aquí, leyendo este artículo. ¿Qué es una especie invasora? se preguntará.

Invasoras son las especies que, introducidas en áreas distintas de sus regiones de origen, suponen una amenaza para la diversidad biológica. Es el caso de la uña de león, el mejillón cebra, el cangrejo rojo o el galápago de Florida. Además de las pérdidas económicas que provocan, constituyen una de las principales causas de desaparición de la biodiversidad del planeta. Como invasores biológicos, desequilibran los ecosistemas ya sea por su comportamiento o por el riesgo de contaminación genética.

Según los datos del último censo estatal, la Sociedad Española de Ornitología (SEO) reconoce que la cotorra de Kramer o alejandrino común "alcanza números astronómicos en nuestra ciudad causando importantes daños ecológicos en su entorno”. A pesar de estar incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras desde 2013, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía no ha realizado ningún programa de control poblacional y su número se ha multiplicado en los últimos años más que en ningún otro lugar. En el caso de la cotorra argentina, su incremento es aún más dramático.

¿Cómo ha ocurrido esto delante de nuestras autóctonas narices? La realidad es que, a diferencia del argumento de terror, la invasión no ocurrió de la noche a la mañana y aunque no sabemos con exactitud quiénes son los vainas en esta película, hace veinte años que se conoce su presencia en Sevilla y se estudia con interés su frenética adaptación. Si es Vd. una persona curiosa, lo más probable es que haya oído el alboroto que producen volando al atardecer hacia los dormideros. Un ruidoso espectáculo que hemos disfrutado equitativamente en distintos barrios de la ciudad.

Investigadores de la Estación Biológica de Doñana advierten de que están entre las cien peores invasoras de Europa. Si algo han aprendido es que son aves inteligentes a las que, literalmente, no les falta ni hablar. Según los expertos, existen diversas etapas por las que una especie exótica se convierte en invasora. La primera o de introducción es cuando llega, directa o indirectamente, gracias a la actividad humana. Con mala suerte, la población logra establecerse frente a otras mejor adaptadas. Los individuos que consiguen reproducirse con éxito constituyen una auténtica pesadilla para Darwin y sus descendientes. Esto ocurre porque ocupan un nuevo nicho o “función” en el ecosistema, porque desplazan a otras especies, sea por competir mejor en la búsqueda de alimento y sitios reproductivos, sea por carecer de enemigos naturales, e incluso por ser portadora de parásitos y enfermedades que afectan a las poblaciones locales. Actuar en esta etapa aumenta la eficacia de cualquier medida preventiva o programa de erradicación. Finalmente, la recién llegada puede crecer a lo Fibonacci colonizando nuevas áreas. Cuando estas áreas están localizadas, son relativamente pequeñas y no se encuentran conectadas con poblaciones periféricas, la mejor opción es la eliminación de la población. Cuando la población es excesivamente grande o recibe aportes constantes, el escenario ideal en el cuál se retorna a la situación de partida resulta complicado. La única alternativa es mantener el tamaño poblacional por debajo de un umbral, por lo que las medidas de manejo van dirigidas a controlar su número en lugares donde suponen un grave impacto para las personas y el medio ambiente. Se ha constatado el efecto directo de la cotorra de Kramer sobre la que pudo ser la mayor colonia mundial de nóctulo gigante, una especie de murciélago Vulnerable a la extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Hace unos años, el mamífero volador más raro de Europa poblaba los viejos árboles del Real Alcázar y la Alameda. Ahora han desaparecido y lo harán también de su último refugio en el Parque de María Luisa si no se hace algo por evitarlo.

La introducción de cotorras tuvo lugar hace tiempo, al parecer a partir de una cantidad de aves anecdótica liberadas por las autoridades tras su incautación en el mercado de animales de la Alfalfa. Hoy nos encontramos en un escenario distinto, una vez que la población se ha asentado con mucho éxito en Sevilla. Según los expertos, aún sería viable una intervención urgente para erradicarlas y evitar la extinción del nóctulo gigante. Cuanto menos es necesario un Plan de Control Andaluz para minimizar el impacto de las especies exóticas porque el problema sobrepasa los límites del término municipal y traerá serias consecuencias a nivel regional. El daño en los cultivos de girasol es particularmente llamativo. En Israel, por ejemplo, las pérdidas económicas que suponen han llegado a plantear medidas disuasorias desesperadas: después de probarlo todo sin éxito, siembran campos de girasol exclusivamente para alimentarlas.

Por otro lado, aunque está prohibida su importación desde 2011, no resulta difícil adquirirlas en internet. Es importante informar de los problemas que causan las especies invasoras. El comercio ilegal de ejemplares en el mercado negro, unido a la elevada esperanza de vida y sus pautas de comportamiento, dificulta el control. Explicar las actuaciones que se llevan a cabo y los riesgos que supone la introducción deliberada es imprescindible para evitar que aparezcan nuevos núcleos. Si continúa el reemplazo constante de individuos criados en cautividad, ninguna medida resultará eficaz.

En cualquier caso, a estas alturas de la película es evidente que tenemos un papel protagonista. La mayoría de las medidas de control que se proponen son paliativas y con ellas no desaparecerá la población en libertad. Quizás en el futuro hasta el escudo de la ciudad luzca el verde del alejandrino común sobre las santas cabezas. En ocasiones, la realidad supera la ficción. 

 

Jesús Díaz Rodríguez. Doctor en Biología de la Conservación por la Universidad de Sevilla.

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