Israel, presente y futuro del horror cotidiano

El Estado de Israel instaura en Palestina un sistema de apartheid. La injusticia hecha sistema judicial, en el que la ley (civil)  para los judíos no lo es para lxs palestinxs (militar). El estatus legal de la población palestina bajo el control fáctico de Israel evidencia que lxs palestinxs son el enemigo contra el que Israel está en guerra permanente. La única paz posible en el discurso del Estado sionista, hoy en día, es la desaparición del pueblo palestino. Paz-guerra-aniquilación a la que destina enormes cantidades de recursos económicos (70 000 M$ en 2016) y humanos (3/2 años para todxs lxs hombres o mujeres de servicio militar obligatorio entre los 18 y 21/20). Esta maquinaria bélica se encarga de hacer realidad el delirio del lema sionista: «una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra»…forzando el desplazamiento de la población palestina. Este mantra original del VI congreso de la Organización Sionista Internacional de 1903, vigente hasta nuestros días, niega la existencia de los pobladores de Palestina.

La (i)lógica de la negación del otro normaliza las barbaridades que ordenan cometer a estxs chicxs, recién salidos del Instituto, atrocidades que son percibidas en la sociedad israelí como algo cotidiano. Ejemplo: el vídeo en Facebook compartido por soldados israelíes celebrando la puntería con la que acaban de asesinar a una persona desarmada a cientos de metros de distancia. Fue precisamente una filósofa de origen judío, Hanna Arendt, quien nos alertó de los peligros de hacer de lo horrible algo corriente, lo que llamó «banalidad del mal». Arendt, defendió en el proceso de Eichmann en Jerusalem —en contra de las críticas de muchos intelectuales israelíes que veían en el teniente coronel de las SS la encarnación del mal— que Eichmann no era un «pozo de maldad» ni un psicópata, sino un burócrata ejemplar inmerso en el aparato del Estado totalitario nazi.

Me aterra pensar que la violencia del estado de Israel no es una rareza histórica, sino un adelanto del horror que puede desatar el colapso del sistema capitalista. Veo en Israel el presente de la distopía de la postmodernidad neoliberal: una tecno-potencia militar en proceso de expansión. El ejército israelí prueba con lxs refugiadxs palestinxs el armamento «no letal» del futuro: balas de caucho, gases lacrimógenos, bombas de sonido, que exporta a un mundo de policía militarizada, que prepara la guerra contra la población civil. Intuyo que el nivel de violencia que desarrolla el sionismo por colonizar la «tierra prometida» puede ser alcanzado por las potencias del norte en un escenario de escasez (para el insaciable apetito de los mercados, no de las necesidades de la población), como de hecho ya ocurrió en Irak. Mientras que Israel lucha por ocupar el lugar de sus enemigos, la Europa-fortaleza se inspira en el Muro de la Vergüenza para dejar fuera a nuestros otros, las poblaciones empobrecidas a las que el recurrente discurso de odio está señalando como el origen de todos nuestros males.

Frente a este horror, queda defender la vida y la belleza, como podéis leer que hacen lxs palestinxs en la sección «Construyendo Posibles» de este número de El Topo.

Manu, papafrita con cuerpo y cabeza

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