Ilusión y subversión. Desmontando mitos de la arquitectura

Suena repetidamente en mi cabeza la famosa melodía: «It’s a kind of magic…». Será porque lo he vuelto a escuchar a alguien que pasó por uno de nuestros recintos de obra: «¡Esto que habéis hecho es mágico!». Nunca pensé que la arquitectura podía depender de alguna ciencia oculta. En todo caso, lo que hacemos desde Recetas Urbanas puede hacernos sentir el privilegio de vivir algo fuera de lo normal. Pero las normativas a las que nos acogemos lxs arquitectxs son las mismas que las que manejan las administraciones que nos supervisan. ¿Cómo es posible entonces actuar de manera poco convencional intentando cumplir la normativa?
 
Los proyectos suelen partir de una colectividad que no encuentra respuesta frente a una necesidad, la mayoría de las veces espacial y funcional. Son proyectos que bien por falta de recursos económicos, de conocimiento, de estructura legal, de presión pública o directamente por el color del gobierno en el poder, son rechazados por las administraciones públicas.
 

Ilustra Erick Alcantara

 
Lo ilustraré con el proyecto todavía reciente del Aula de Convivencia de Dos Hermanas, Sevilla. Se trata de un grupo de cuatro madres que un día nos escriben contando que llevan siete años reclamando a la Junta de Andalucía la construcción de un comedor para el centro escolar, público, donde sus hijos reciben la enseñanza infantil y primaria.  Habían mantenido varias reuniones infructíferas con el consejero de Educación, que representa a ocho millones de personas y basaba su respuesta en que no había dinero para el proyecto. Finalmente se comprometió a valorar una propuesta si encontraban una alternativa al modelo oficial. Claro, lo dijo sin imaginar que pudiese existir alguna y lo soltó como el que promete lo imposible. Es una estrategia conocida, la de detener una propuesta hasta que los burros hablen. Así consiguen cansar a un equipo hasta que se desintegre y, con él, sus proyectos. Pero esta vez no ocurrió así. A la invitación que recibimos por parte de las madres a presentar una propuesta, al igual que otros familiares técnicos del colegio, respondimos con la metodología que ya llevamos veinte años desarrollando. Propusimos trabajar con materiales de segunda mano e incluir la participación de voluntarios en la obra, consiguiendo abaratar el proyecto a una tercera parte del precio oficial presupuestado por la Junta para este tipo de infraestructura, y generando además una experiencia colectiva de valores incalculables.
Todo se fue definiendo a base de reuniones, con técnicos del ISE (que si no sabéis qué es y queréis buscarlo, seguramente no podréis porque cambió de nombre) y otras entidades, a priori invisibles, que generan la supuesta magia. El Ayuntamiento de Dos Hermanas desbloqueó finalmente el presupuesto de 140 000 euros adjudicando una partida de la Delegación de Educación e Igualdad. Aunque parezca evidente, al área de Educación no le corresponde la edificación de los edificios docentes, eso es una competencia regional, únicamente se encargan de su mantenimiento. No obstante, y aprovechando que ambas áreas estaban bajo la misma concejalía, nos sacamos de la manga con todo el criterio, que Igualdad, entendiendo este proceso como de mediación y participación, pagase la factura, y así se resolvió uno de los muchos trámites, quizás el más importante, en un momento en que la reunión parecía dar al traste con el proyecto.
 
Hablemos de magia y de la cara de sorpresa o de tontos, según como preferís llamarla, que se nos queda al proponer algo a la EPSA, que ya es AVRA (os aseguro que no viene seguido de cadabra), cuando la maraña de papeles, regulaciones y exigencias para cumplir un derecho se convierte en algo imposible, entonces es el momento de descubrir al mago a veces llamado farsante. Era la época en la que La Carpa, cerrada a demanda del Ayuntamiento de Sevilla, vuelve sus ojos a la Junta de Andalucía donde están todas estas áreas anteriormente citadas y reales. Nuestra magia reside más en descubrir el truco, pero haciendo algo que la administración no está preparada para entender ni controlar. Por ejemplo, incluir gente no profesional, menores, abuelos, personas con diferencia funcional; «el gran ejército de los locos», como a Santi Cirugeda (impulsor de Recetas Urbanas) le gusta llamarlos, reunidos en un recinto de obra que se presenta cara al público con un cartel que sería totalmente convencional si no pusiera: «permitido el paso a toda persona ajena a la obra».
 
Si a estas alturas todavía esperáis algún truco os daré un par de definiciones. Primero la de la arquitectura alegal que son proyectos que utilizan para desarrollarse un vacío legal, una ausencia de reglamento o la falta de definición exacta dentro de un marco jurídico. Puede incentivar el cambio legal para su posterior legalidad y la creación de un mejor soporte jurídico, o servir como situación transitoria. La versión menos elegante pero muchas veces más eficiente es la arquitectura ilegal o los proyectos que asumen directamente la ilegalidad por no estar contemplados dentro de la ley ciertas necesidades o ciertos cambios demandados por comunidades o grupos humanos. Puede considerarse un acto de desobediencia civil o simplemente una solución de emergencia frente a una necesidad que no puede esperar a los tiempos de la administración o el cambio legal. Pone en juego la estabilidad o mejora de un grupo de usuarios.
 
Que más de 1200 personas, entre ellas más de 600 menores; involucrando a 17 entidades sociales, un centro penitenciario, tres universidades, sea el truco para autoconstruir el Centro Sociocomunitario Intercultural en la Cañada Real Galiana, en solo cinco meses, no nos deja impasibles al propio equipo de Recetas Urbanas. Además, todas las cláusulas sociales que esta metodología implementa, y que no venían en el pliego técnico de contrataciones sacado por el Ayuntamiento de Madrid, lo hace mucho más sorprendente y arriesgado. Es importante decir, que ese más difícil todavía, ha sido acompañado por un público activo y muy comprensivo como han sido las Consuelos de la EMVS (empresa municipal de vivienda y suelo) y el resto de su equipo, el comisionado de Cañada Real y algunos personajes del Ayuntamiento que han entendido la necesidad de una cogestión público y social.
 
Por eso lo más importante es la colaboración y el querer llevar a cabo un proyecto conjunto. Suena a sentido común, pero frecuentemente nos olvidamos de este fundamento y desgraciadamente son muchos los casos que no tuvieron un final feliz por falta de apoyo o porque una sola persona, con cierta relación de poder, se interpuso. Ya no sé si hacemos magia o no, pero sí hemos aprendido a cogerles el truco y al final la magia no se juega tanto con el público sino entre grandes magos.
 
Alice Attout – Recetas Urbanas

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