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Explorando las raíces de las migraciones en Senegal: pobreza y cambio climático

Los medios de comunicación de las clases dominantes nos bombardean cada día con la llegada de inmigrantes a nuestras costas, siempre sin profundizar y sin contarnos el porqué de dichas migraciones. En mi trabajo de fin de grado, al final de mis estudios de biología, he tenido la suerte de conocer la historia que hay detrás de 231 personas que decidieron migrar desde su localidad de origen en el medio rural hasta la capital senegalesa, Dakar. Nuestro objetivo de investigación era averiguar si estas migraciones estaban relacionadas directa o indirectamente con el cambio climático. Para ello, me desplacé hasta Dakar gracias a la ONG MAD África y estuve realizando encuestas junto a un compañero senegalés en un barrio de Dakar donde residen muchos inmigrantes de zonas rurales. Como ocurre en muchas investigaciones, una acaba descubriendo más que lo que iba buscando.

 

Para entender los resultados, es necesario aclarar que Senegal y sus países vecinos tienen, grosso modo, dos climas distintos: el del sur, más húmedo, donde abundan las lluvias, lo que contribuye al desarrollo de la agricultura, y el del norte y parte central, más árido, donde las sequías son cada vez más intensas debido al cambio climático. El desierto del Sahara está extendiendo sus dominios hacia el sur. La mayoría de las personas encuestadas procedían de zonas rurales del sur de Senegal y en sus respuestas había nombres de localidades que se repetían una y otra vez. Dichas localidades pertenecen a la llamada «Cuenca del maní» o «Cuenca del cacahuete», que ocupa más de la mitad de la superficie de Senegal. El cultivo del cacahuete fue instaurado durante el colonialismo francés y, desde entonces, estas tierras han estado sometidas a décadas de monocultivo. Esto no es en absoluto beneficioso para el suelo, pues lo empobrece en ciertos nutrientes además de favorecer plagas concretas. Según los registros meteorológicos, en esta zona de la Cuenca del cacahuete, las precipitaciones han ido descendiendo en los últimos años, lo que tampoco ayuda a las familias que trabajan esta legumbre. Por supuesto, gran parte del cacahuete que se produce es exportado a los países desarrollados o enriquecidos y, ante la sequía y el agotamiento de la tierra, se producen talas masivas de los bosques húmedos situados hacia el sur. Así, la Cuenca del cacahuete se hace cada vez mayor y, por tanto, el clima árido y semiárido le gana terreno al clima húmedo del sur del país, pues las actividades agrícolas mal llevadas promueven la desertización junto con el cambio climático. La diferencia climática entre estas dos grandes zonas, el sur húmedo y el norte árido, era notoria en las respuestas a nuestro cuestionario ya que, queriendo conocer la percepción que tenían las personas inmigrantes sobre el cambio climático, les preguntamos si pensaban que el clima estaba cambiando. Más del 85% respondió afirmativamente y, al preguntar de qué modo, las personas procedentes del sur respondían que llueve más y las pertenecientes a localidades más al norte pensaban que llovía menos y hacía más calor. Sin embargo, cuando se les preguntaba por el motivo de su migración de las zonas rurales a la capital Dakar, el 89% respondía que la razón era la falta de trabajo en su localidad de origen. Las razones relacionadas con el clima o la degradación ambiental no eran más del 10% en las respuestas. ¿Por qué? Volveremos a esta cuestión más adelante.

La mayoría de las encuestadas, ya fueran pertenecientes a una zona más árida o a una zona húmeda, hablaban de un problema común en las zonas rurales: la falta de medios y financiación para el desarrollo de las labores agropecuarias. Y es que la agricultura y ganadería que se desarrolla en Senegal nada tiene que ver con la que se ejerce en Europa. Mientras que aquí existen modernos sistemas de riego, todo tipo de tractores y maquinaria, y diversos productos para mejorar el rendimiento de los cultivos o acabar con las plagas, en Senegal el sector primario es totalmente rudimentario, de economía de supervivencia a nivel familiar. Llamaba la atención las palabras de un señor, vendedor de melones, que me dijo: «A nadie le preocupan las condiciones en las que trabajamos la tierra. Tenemos los conocimientos, tenemos las ganas, solo necesitamos dinero para comprar tractores». Otras personas hablaban de que no existe ningún tipo de ayuda para la creación de nuevos negocios en sus localidades, por lo que no hay casi ningún tipo de avance socioeconómico. Esto hace que las y los jóvenes vivan deprimidos y se marchen en busca, ya no solo de un trabajo, sino de algo más estimulante que lo que le ofrecen sus pueblos. Esta, tristemente, termina siendo la historia de muchas personas jóvenes que se marchan, ya no solo de donde han nacido, si no que abandonan Senegal de forma «ilegal» (conseguir un visado es prácticamente imposible). Muchas de estas migrantes acaban muriendo en el intento, pero la mayoría prefiere vivir esta aventura aunque les cueste la vida; antes que seguir viviendo en unas condiciones tan duras y sin futuro aparente; sin medios para cultivar y con el cambio climático haciéndolo cada vez más complicado en el mundo rural africano. Y es que, cuando se les preguntaba ¿qué cambios motivarían tu regreso a la zona rural donde naciste?, el 61% de las y los encuestados respondía cuando haya trabajo en la zona, y más del 10% pedía disponer de financiación para el desarrollo de actividades económicas en el campo. Tan solo un 3% afirmó no querer volver a su lugar de origen, por lo que podemos concluir que el 97% restante eran migrantes forzados.

¿Por qué Dakar? ¿Y luego qué? Pese a la información que dan en las noticias, la mayoría de las migraciones se produce entre las distintas regiones de Senegal o entre distintos países africanos, y no tanto hacia Europa o América. Muchos de nuestras encuestadas se encontraban en Dakar simplemente para ganar dinero durante la estación seca y más tarde, en la estación húmeda, poder invertirlo en agricultura o ganadería en sus zonas de origen. Otras trabajaban en la capital para poder enviar dinero a sus familias, que continuaban viviendo en el campo. El envío de dinero es todo un negocio en Senegal. Por donde quiera que vayas hay tiendas de distintas compañías (Joni Joni, Western Union, Wari, Money Gram) solamente para enviar dinero al medio rural, que también recibe dinero desde Europa. En Dakar se concentra la gran mayoría del dinero que se mueve en el país. Sin duda, el sector servicios es el predominante, especialmente la venta ambulante, que es más que una forma de vida, pertenece a su cultura, por lo que debemos pensar en esto cuando veamos a personas senegalesas y de otros países del África negra vendiendo en cualquier semáforo o en la calle. Volviendo al cuestionario, para el 86% de las personas encuestadas, su situación había mejorado después de migrar. La diferencia de sueldo entre el campo y Dakar y Europa puede llegar a ser muy significativa. Más del 85% de las y los encuestados ganaba mucho más dinero en Dakar que en su localidad de origen, pues la mayoría desarrollaba anteriormente una agricultura o ganadería de subsistencia. Estas personas ganaban en el momento de la encuesta, de media, 100 000 francos CFA al año (unos 152 euros), lo que puede parecer (y en realidad es) una miseria, pero el euro es más caro que la moneda senegalesa. En el Estado español, una persona migrante tendrá de media de salario un 36% inferior al de una española. Este sueldo, aunque pobre, y sus condiciones laborales, aunque precarias, son mejores, por lo general, que lo que pueden obtener en su país. Entonces, ¿es el dinero lo que mueve a migrar a estas personas? La conclusión más importante de nuestro estudio fue que las migraciones son, en esencia, multicausales. ¿Cuáles son estas causas? Una cadena de múltiples causas socioeconómicas combinadas con el fenómeno del cambio climático. Hemos dicho que la Cuenca del maní, de la cual proceden la mayoría de los inmigrantes encuestados, ha sufrido durante siglos el monocultivo del cacahuete y que esta zona poseía un clima árido y semiárido donde las precipitaciones son cada vez menos frecuentes. Las lluvias se producen de forma muy irregular y las estaciones secas y húmedas comienzan y acaban cada año en meses distintos. A esto se suma el aumento de las temperaturas. Todos estos fenómenos han provocado una grave erosión del suelo y sequías recurrentes que ha dado como fruto un descenso muy importante en la producción del cacahuete. Esto sumado a una explosión demográfica ocurrida durante el siglo XX, ya que acudían africanos de los países vecinos para trabajar en la cuenca. Si pensamos en esta situación de agotamiento de la tierra y en el hecho de que no hay recursos ni financiación para mejorar las técnicas de cultivo (como han contado las y los propios inmigrantes), entendemos que la situación es tan precaria en la zona rural que no hay trabajo para todas y esto obliga a abandonar estas tierras. Ocurría, además, con frecuencia, que de primeras respondían que la causa de su marcha era la falta de trabajo, pero sus respuestas se hacían más profundas cuando le nombrabas una palabra clima. Tenían mucho que decir sobre esto y sobre la imposibilidad de la gente para gestionar el gran cambio que está sufriendo. Por otro lado, no son más felices después de migrar, aunque económicamente estén mejor. La mayoría se encuentran separados de sus familias, estén en Dakar o en Europa, y han perdido gran parte de su cultura simplemente por el hecho de cambiar de trabajo. Y es que en Senegal hay una serie de etnias con sus oficios y costumbres muy establecidos que se dejan de lado al emprender la migración.

Otra de las conclusiones a las que llegamos fue que muchos de las y los inmigrantes en Dakar estaban embarcados en un proyecto migratorio mucho mayor que simplemente llegar a la capital senegalesa. Cuando se les preguntaba si les gustaría migrar a otro país, la respuesta fue afirmativa en el 61% de los casos. Respecto a qué territorio migraría, más del 70% respondía uno europeo, y, sin duda, el destino favorito era el Estado español. A la gente le agradaba escuchar que era española. Pude comprobar que mucha gente adoraba España (no sé si por el fútbol, un negocio también en Senegal). España está totalmente idealizada. En más de una ocasión intenté explicar, en vano, que no es el paraíso que piensan. Más tarde comprendí que en comparación con la realidad de la que venían, cualquier parte de nuestro país era mejor.

Otra realidad preocupante es que el 79% pensaba que su localidad de origen se está despoblando gravemente, por lo que estamos ante un caso de éxodo rural generalizado en todo Senegal y en parte de los países cercanos (Guinea-Bisau, Mali, Costa de Marfil, Guinea Conakri, Nigeria…). El Gobierno senegalés debería tomar medidas ante esta salida masiva. Por mucho que parte de estos migrantes vuelvan a sus zonas de origen durante la estación húmeda para trabajar la tierra, el sector primario ocupa a más del 60% de la población activa en el país a pesar de que contribuye al PIB con menos de un 10%. Estos trabajadores y trabajadoras merecen los medios que demandan; además, algunos proyectos ejecutados en el medio rural, con mejoras respecto al rendimiento de cultivos en zonas que se creían agotadas, han tenido resultados muy positivos.

Nuestra conclusión de migraciones multicausales con el cambio climático como factor importante se veía apoyada, además, por el hecho de que el 82% de las personas encuestadas no sabía cuánto tiempo se quedaría en Dakar. Cada vez que alguien respondía que le gustaría migrar a otro continente, una sensación de tristeza se apoderaba de mí. Es injusto que cualquier ciudadano del mundo no pueda elegir dónde vivir. Mejor dicho: es injusto que unas puedan elegir y otras no. ¿Por qué yo, por ser blanca y europea, puedo viajar donde me venga en gana sin necesidad de visado? La Unión Europea quiere acabar con la inmigración «irregular», pero esta problemática seguirá existiendo mientras los países del «primer mundo» sigan explotando los recursos de los países «desfavorecidos» y su ciudadanía no pueda salir de su país por el mero hecho de haber nacido allí y existir «riesgo de quedarse en Europa». Por supuesto que hay que perseguir a las mafias que se aprovechan de esta situación para hacer negocio y que se hacen de oro mientras miles de personas mueren en el Mediterráneo, pero si todas las personas del mundo fueran libres para viajar y vivir donde quisieran, las mafias de este tipo no existirían. El hecho de impedir las migraciones forzadas ya denota una falta de humanidad, pero últimamente está a la orden del día más que nunca, pues países como Italia se niegan a recibir a migrantes y no les tiembla la voz al decirlo. Y mientas tanto, políticos españoles aprovechan la situación para hacer campaña haciéndose fotos con estas personas y recordando que «no puede haber papeles para todos» porque no es sostenible. ¿Es sostenible acaso que África sea la fuente de la riqueza de todo el planeta y que allí sea donde más se sufre el cambio climático sin ser responsable de este? ¿Hasta cuándo va a continuar esta situación? Todos los problemas de las personas que deciden migrar tienen su causa última en los países del «primer mundo» que acaban con sus recursos naturales e impiden su desarrollo, porque así funciona el capitalismo. Este estudio así lo demuestra. Mi conclusión es clara: este modelo económico que divide al mundo tiene que ser superado.

 

Marina Pérez, graduada en Biología 

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