Ecologistas en Acción sopla sus veinte velas en Sevilla

Corrían los 90 cuando más de 300 grupos ecologistas, sintieron la necesidad de articularse en una estructura de coordinación del movimiento a escala estatal. Respetando la diversidad, las raíces, identidades y necesidades locales, a la vez que construyendo un discurso y un repertorio de acción e incidencia política fuertes. Alzando una voz alta y clara de denuncia contra el capitalismo y todos los procesos que afectan a la salud de los ecosistemas y a la justicia social. Dejando a un lado las siglas, pero sobre todo, con muchísimo trabajo e ilusión, nació Ecologistas en Acción. Tras dos décadas de éxitos y fracasos, acciones, manifestaciones, estudios, publicaciones, denuncias, comunicados… en 2018 hemos mirado hacia atrás para aprender y celebrar, y hacia delante para mirar los retos de frente y coger fuerzas para seguir construyendo el mundo que soñamos. Y elegimos Sevilla para culminar este proceso.

 

sostenibili que

ilustra Arturo Salguero

Entre los días 7 y 9 de diciembre de 2018 casi 300 ecologistas compartimos reflexiones, debates, recuerdos, sueños, propuestas, dudas, nervios, emociones, risas… Comenzamos el viernes, en el Albergue de Inturjoven de Reina Mercedes, con una mesa redonda sobre «Nuevas dinámicas, nuevos retos del ecologismo social para los próximos 20 años». Frente a los «retos urbanos», Manu Calvo, consultor ambiental, lanzó propuestas de movilidad sostenible en las que bicicletas y peatonxs estén en el centro y los vehículos de motor pierdan protagonismo. Luego Ana Jiménez, compañera Topa —y de mil otros frentes—, nos invitó a reflexionar, a través de la historia de las mujeres de su familia, sobre los impactos de la turistización y la neoliberalización de la ciudad sobre las personas y los ecosistemas. De ahí pasamos a los «retos rurales» de la mano de Celsa Peiteado, responsable de agricultura de WWF, que habló de despoblación rural, de la amenaza de la ganadería industrial y de iniciativas para compaginar usos, identidades y necesidades rurales y urbanas, conservando un mundo rural vivo que defienda los valores ambientales y culturales que alimentan al mundo y conservan biodiversidad. Por último, abordamos los «retos globales» con Juan Hernández, doctor en Derecho por la Universidad del País Vasco, que trazó las relaciones entre el resurgimiento del fascismo, las nuevas reglas mundiales, el incremento del poder de las transnacionales y las migraciones y el deterioro ambiental.

Tras esta sacudida de neuronas, el sábado entramos en faena en las reuniones de las áreas temáticas: agroecología, soberanía alimentaria y medio rural; agua; antiglobalización, paz y solidaridad; conservación de la naturaleza; consumo; ecofeminismo; educación; energía; jurídica; medio marino; participación; residuos y químicos; transporte y calidad del aire; y urbanismo. Aprovechamos la ocasión para evaluar el trabajo del 2018 y ponernos metas para el 2019. De paso, observamos con perspectiva de género, mediante un sencillo protocolo, las dinámicas de participación en nuestras reuniones: ¿quién tiende a hablar con más frecuencia?, ¿quién interrumpe?, ¿quién aporta más ideas nuevas?

Gracias a esta observación y a «visitas médicas» que las Doctoras Ramona y Cajal (dúo cómico Compañía Milagros) nos hicieron con mucho humor durante la comida, pudieron por la tarde regalarnos unas risas compartiendo su diagnóstico sobre las patologías que padecen nuestros grupos: desde la «machistosis extrema» hasta la «inequidalgia latente», pasando por la «patriarcalitis moderada». Afortunadamente también nos ofrecieron el «Patriarcalitest»[1] como receta de tratamientos.

Aunque amenizada con las risas, la asamblea plenaria de la tarde fue rica en debates para tomar algunas decisiones importantes, como la de la compra de un local o la aprobación de la renovación de los «Principios Ideológicos» y del «Programa Ambiental» de la organización. También repasamos las campañas más relevantes de 2018, como la de minería, y elegimos las dos que serán prioritarias para 2019: la lucha contra las macrogranjas (para la que ya hay un grupo activo en Andalucía) y la sensibilización sobre los impactos de la turistización (entorno a la cual Ecologistas en Acción Ciudad de Sevilla participamos en el colectivo Cactus). 

De ahí pasamos a un debate en torno al pasado, presente y futuro de la organización y del ecologismo social, que ya venía de otro anterior que tuvimos en Madrid el pasado 26 de mayo. Para romper el hielo esta vez compartimos algunas de las ideas que surgieron aquel día. Theo Oberhuber, uno de los protagonistas del nacimiento de Ecologistas en Acción, nos contó cómo la generosidad y la visión de conjunto fueron imprescindibles en ese proceso. Nines Nieto, pieza clave de la lucha por la conservación de la biodiversidad y el respeto de la legislación ambiental, habló de las luces y las sombras de estos años hasta llegar al presente. Y una servidora comentó algunos retos de futuro, como el mantenimiento de los pueblos vivos que defiendan su territorio, la recuperación del arraigo de la juventud a la tierra o la lucha frente a la coaptación de nuestros mensajes por parte del sistema capitalista y el mercado, pero también algunas oportunidades como el indiscutible auge de los feminismos.

El broche perfecto de la tarde fue el son alegre y combatiente del Coro Dominguero del Pumarejo. Y, como «si no podemos bailarla, no es nuestra revolución», tras tanto pensar, pasamos a la celebración al ritmo del auténtico cartelazo que montamos para la ocasión: El Pájaro, Kiko Veneno y Los Diplomáticos y Emilia Pinzón nos deleitaron con sus temazos para luego dejar paso a dos de las DJs del momento, Guacha Sabelo y Broken Toy.

Con la resaca y las agujetas de la fiesta, el domingo más de 300 personas nos manifestamos contra la neoliberalización y la turistización de Sevilla, desde la Alameda de Hércules hasta las Setas de la Encarnación, donde desplegamos una enorme pancarta de 14 m con el lema «Ciudad [distinto] parque temático — Ecologistas en Acción — Sevilla no se vende». Y como no solo de pensar, bailar y defender el común viven las mortales, cerramos los tres días de asamblea con una rica comida agroecológica con productos de la Red Sevilla Ecoartesana preparados por Rocío, de La Cocina de Tramallol. Ser ecologista en tiempo de colapso es «mu sufrío», pero en Ecologistas en Acción tenemos claro que la compañía es muy importante para disfrutar del camino, que aún nos queda… así que ¿te unes?

 

 

Elisa Oteros Rozas. Forma parte de Ecologistas en Acción.

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