Ilustra Marina Nosequé [http://www.marinanoseque.es]

Diez años soñando alternativas desde lo rural

La Fábrika de toda la vida

EL PASADO 28 DE DICIEMBRE, LA FÁBRIKA DE TODA LA VIDA, UN PROYECTO AUTOGESTIONADO EN LOS SANTOS DE MAIMONA (BADAJOZ), CELEBRÓ SUS 10 AÑOS DE EXISTENCIAS Y EXPERIENCIAS, RENOVANDO 4 AÑOS MÁS SU CONVENIO CON EL AYUNTAMIENTO DE LA LOCALIDAD. REPASAMOS SU HISTORIA, SU IDENTIDAD, LOS RETOS POR LOS QUE HAN PASADO Y LOS DESAFÍOS A LOS QUE SE SIGUEN ENFRENTANDO. ES IMPOSIBLE HABLAR DE LFDTV SIN ENTENDER LOS PROCESOS ANTERIORES QUE SE VIVIERON EN EL PUEBLO ALREDEDOR DE LA ANTIGUA CEMENTERA DE ASLAND. NECESITAMOS CONTEXTUALIZAR Y SITUARNOS DE FORMA HISTÓRICA Y EMOCIONAL, YA QUE LAS HISTORIAS DE VIDA SIEMPRE CONLLEVAN EMOCIONES POR LO QUE ES LA FÁBRIKA PARA LAS PERSONAS QUE LA HABITARON O LA HABITAN.

DE LAS PROMESAS DE DESARROLLO AL ABANDONO Y EL OLVIDO

La antigua fábrica de cementos de la Compañía General de Asfaltos y Portland (ASLAND), en Los Santos de Maimona (Badajoz), fue inaugurada en el año 1956, y su construcción está relacionada con el Plan Badajoz, un proyecto aprobado en 1952 para la colonización, electrificación e industriali­zación de la provincia. Elaborado dentro del marco de los planes desarrollistas y autárquicos posteriores a la Guerra Civil, prometía ser la esperanza del auge y desarrollo de la comarca, una localización elegida por los yacimientos de calizas inmediatos al emplazamiento de la fábrica, en la sierra de San Cristóbal, y por la situación privilegiada de Los Santos respecto a las carreteras nacionales N-630 y N-432, al ferrocarril y por la distancia reducida a los puer­tos de Sevilla y Huelva. Para que nos ubiquemos del todo, estamos hablando de la construcción de los famosos panta­nos de Franco que iban a modernizar la agricultura de Ex­tremadura, y de los pueblos que se construyeron alrededor de los mismos.

Muchos fueron los cambios que sufrió Los Santos ante la llegada del proyecto de la cementera, no solo en cuanto a infraestructuras y economía. La transformación también conllevó un cambio social y también en el imaginario, del que aún hoy podemos ver las consecuencias. Muchas de las personas que trabajaban en el campo, por ejemplo, se prepararon para formar parte del nuevo sector industrial, quedando la actividad agrícola relegada a un segundo pla­no en pos del desarrollismo, además de sufrir los efectos de la contaminación irremediable. En 1965, por ejemplo, la Comisión Provincial de Servicios Técnicos instó a la em­presa a tomar medidas correctoras contra la polución que se estaba vertiendo sobre el campo; esta hizo caso omiso.

Solo 17 años después de su apertura, la fábrica cerró en 1973 a pesar de los intentos de trabajadores y trabajadoras (no olvidemos a las 2 mujeres que trabajaban como secretarias en la cementera) y de la Corporación por mantenerla a flote con una serie de protestas que pasaron a ser parte de esa larga lista de luchas invisibles que se dan en lo rural. Es así como se da por terminado el Plan Badajoz, se abando­nan las esperanzas del tan ansiado proyecto y se genera un enorme paro estructural, obligando a la emigración de unas 100 familias que antes vivían de la misma de forma directa o indirecta, con el consecuente decrecimiento de­mográfico y económico para el pueblo, que pasó de contar con más de 10 000 habitantes (datos del INE 1960), a los aproximadamente 8000 con los que cuenta en la actuali­dad. Un exilio masivo al que se vieron obligadas muchas personas jóvenes ya formadas para la actividad industrial y que buscaban no tener que volver al campo.

Tras su abandono, toda la estructura y terrenos fueron ce­didos al Ayuntamiento de Los Santos; una estrategia de los empresarios responsables de la misma que les facilitaba no tener que solventar el mantenimiento o derribo, realizando así una venta ficticia de la fábrica a cambio de una peseta al Consistorio. También de las canteras de caliza, que nunca fueron recuperadas como parte de la responsabilidad de la empresa y que durante mucho tiempo fueron utilizadas como vertedero en la sierra del pueblo. Desde entonces y hasta su proceso de transformación en «La Fábrika de toda la Vida», el terreno sufrió un abandono general que sigue presente hasta el día de hoy.

Construyendo Posibles

Ilustra Marina Noseque

LA FÁBRIKA DE TODA LA VIDA

Muchos son los proyectos que se planearon para los terre­nos de la antigua cementera por parte de diferentes admi­nistraciones. Hoteles, oficinas y residencias, que quedaron solo en los planos o que, como las instalaciones de CETIEX, el centro tecnológico industrial de Extremadura, fueron inauguradas en 2011 y, hasta hoy, continúan cerradas y sin vistas a poner en marcha aquellas «líneas de investigación relacionadas con la salud, las energías renovables, la inno­vación empresarial y el diseño industrial» de las que tanto se hacían eco.

Es en verano de 2010 cuando ocurre algo radicalmente distinto. La parte de las naves que constituían las oficinas de la antigua cementera es okupada por el colectivo Con­ceptuArte, formado por un grupo de jóvenes de Los Santos y Zafra, estudiantes de la Universidad de Bellas Artes de Granada, con el fin de convertirlo en un centro para la crea­ción contemporánea como herramienta de movilización y transformación social, y un hogar para artistas y activida­des relacionadas. Es durante los siguientes años cuando se irán tejiendo diferentes redes de trabajo, colaboración y apoyo alrededor del proyecto, centradas tanto en la gestión social como en la propia rehabilitación; haciendo crecer las primeras ideas y generando dinámicas de contribución al procomún desde lo glocal, convirtiéndolo para entonces en un proyecto mucho más ambicioso, algo que considerába­mos impensable en estos contornos.

Entre 2011 y 2015 cualquiera que se acercase a La Fábrika podía encontrar a familiares y amistades trabajando a me­nudo en la rehabilitación de los espacios, ya fuera limpian­do tejas, lijando y pintando antiguo mobiliario urbano, o cocinando para las participantes. Nacieron así las «Fabri­kando», jornadas de trabajo que se siguen realizando ac­tualmente y en las que no solo se comparten herramien­tas, sino también tiempos y saberes. El proyecto técnico es llevado a cabo por los equipos de arquitectura Recetas Urbanas y bAuk, gracias a la intervención del arquitecto Santiago Cirugeda, con una primera fase para la puesta a punto de 130 m² para la reparación de cubierta y la esta­bilización de espacios interiores como la Oficina Técnica, lugar de trabajo y hoy también estudio musical abierto a todo el mundo que quiera utilizarlo. Es también en 2013 cuando se inicia la campaña de micro mecenazgo, a través de la plataforma Goteo, en la que se consiguieron 6000 € para la realización de todas estas obras.

En medio de estos cambios, el 27 de diciembre de 2013, se afianza el proyecto con la firma del convenio con el Ayun­tamiento en el que cede el uso del espacio interior de las dos naves a la asociación LaFábrika detodalavida a cambio de la rehabilitación de las mismas a través de la autocons­trucción; un convenio que fue realizado de forma partici­pativa, pública y visible durante todo su proceso. También comenzamos a contar de forma continua con la ayuda de Fundación Maimona, una organización que potencia el de­sarrollo del pueblo creada por Diego Hidalgo Schnur y que nos apoya tanto de forma económica como logística.

Todos esos esfuerzos se vieron materializados en el VIII Encuentro Internacional de Arquitecturas Colectivas (AACC) «P(W)orkinProgress», que basa su funcionamien­to en la construcción participativa del entorno urbano. En dicho encuentro se llevaron a cabo talleres de autocons­trucción, jornadas de trabajo, presentaciones de proyectos y espacios para compartir. Además, a lo largo de los años, actividades como los «Cines al Fresko», las «Pechakuchas»; eventos como «La Komuna» o el «RRCosmics», son las res­puestas ante demandas sociales que los medios comunes del sistema no satisfacen o fomentan de la manera oportu­na, creando así el ambiente ociocultural, formativo y pro­ductivo que necesitamos desde la autogestión.

Pero la Fábrika detodalaVida no es solo su historia, sino que también tiene mucho que ver con cómo ha ido for­mando parte de nuestra vida. Está siempre presente en el imaginario de todo el pueblo, al ser la estructura más alta e identificativa que se puede ver al entrar desde casi cual­quier punto, como una especie de esqueleto que nos descri­be perfectamente el paso del tiempo. Muchas de nosotras jugamos de pequeñas en los terrenos de la cementera: nos subimos a las torres, les tiramos piedras a los cristales de las mismas ventanas que ahora estamos volviendo a colo­car y encendimos alguna que otra candela. Todas hemos vivido multitud de procesos en ella, formas de entenderla, definiciones varias y gestiones dispares, algunas veces con el entusiasmo del cambio y otras con la necesidad de darles tiempo para entenderlas.

EL EXILIO OBLIGADO FRENTE AL ARRAIGO

Siempre señalamos el cierre de la fábrica en 1973 como el gran año del exilio en el que tantas familias tuvieron que abandonar Los Santos y emigrar para buscar alternativas laborales a las que se proporcionaban de forma limitada en el pueblo. Pero es igual de importante que hablemos de ese exilio continuo propio de lo rural, en virtud del que pensa­mos que irnos fuera será la solución para el paro, la falta de recursos, herramientas e, incluso, la falta de motivación. Nos enseñan desde que somos pequeñas que en el pueblo no tendremos nada que hacer, que no podemos quedarnos, que quien se queda es porque ha fracasado y quien vuelve también.

Por eso, para nosotras LFDTV es ante todo casa, como en los juegos que teníamos en la infancia. Es ese lugar donde puedes estar a salvo y donde da igual las veces que te vayas, porque siempre puedes volver. Y es que, a veces, muchas de las integrantes pasamos por procesos diferentes: tenemos que sostener nuestras propias vidas, salir a buscarnos a no­sotras y a la tan ansiada estabilidad, cuidarnos en momen­tos difíciles, luchar contra los fantasmas de la Extremadu­ra «vaciá» y «olvidá». Pero sabemos que siempre podemos volver al pueblo, a la periferia rechazada por otras muchas, a donde nos hemos criado, y a donde tenemos nuestro pro­pio refugio, el espacio donde podemos comunicarnos entre iguales, expresar nuestros sueños y proyectarlos con una comunidad.

No es tarea fácil construir una identidad dentro de la Fá­brika, ni a través o gracias a ella, pero es inevitable. La pelea interna entre querer ser «cosmopolita», para tener acceso a todo, y no olvidar el valor de dónde y cómo nos hemos cria­do; entre nombrarse como rural a pesar de los prejuicios so­bre «lo cateto» para mantener las raíces, pero defraudadas por la continua falta de alternativas. Todo eso hace que si­gamos participando del espacio, pero que a veces también tomemos decisiones como abandonar el espacio cuando de repente no nos sentimos identificadas, no va con nuestros tiempos, no aportamos lo que nos gustaría o no nos apor­ta lo que necesitamos, sin la presión de creer que ya nunca volveremos; sabiendo que somos cambiantes y dinámicos igual que el proyecto.

Por último, queremos visibilizar que los proyectos no fun­cionan igual en los pueblos que en las ciudades, y que lo rural tiene sus particularidades. Las mismas personas con las que te relacionas en el espacio son las mismas perso­nas con las que te criaste, con las que puede que tuvieras o no alguna pelea en el colegio, con las que compartiste jue­gos infantiles y no tan infantiles, con las que sales todos los días, con las que te relacionas para cualquier plan, con las que has estudiado, y con las que te desahogas cuando no puedes más. Es por eso que los procesos también son distintos y el cómo gestionamos los conflictos cambia radi­calmente cuando tenemos que pelear para cuidar(nos) más si cabe, porque el pueblo implica que si una asamblea tiene que aplazarse dos horas porque hay que ir a apoyar el ne­gocio de un amigo o la madre de una compañera está en el hospital, se hace y se adapta; y a tomar por saco los ritmos cerrados de las ciudades y de los que muchas aprendimos cuando empezamos nuestro activismo en las ciudades donde estudiamos.

Se nos vienen cosas muy bonitas en el futuro próximo: va­mos ya por el III Encuentro de Mujeres Rurales, estamos preparando el encuentro «Cuidadanías» dentro del Proyec­to Galaxia, y seguimos en marcha con nuestras actividades y talleres habituales y nuestros Fabrikando. Os invitamos a todas a visitar el espacio y a compartir nuestras formas de entender la realidad rural de nuestros procesos.

Por

Elena Cayeiro

Santeña, activista feminista e integrante de LFDTV

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