nº59 | todo era campo

Una calle para los hermanos Arcas

Desde primeros de 2023 el callejero de Sevilla, en el Tiro de Línea, reconoce a una familia obrera comprometida con la clase trabajadora, sus derechos y aspiraciones por un mundo nuevo como los que albergaban sus corazones.

La propuesta fue elevada un año antes al Ayuntamiento por el grupo de trabajo Recuperando la memoria de la historia social de Andalucía (CGT.A). No es la primera iniciativa en este sentido, porque también promovieron un reconocimiento así para que en el callejero figuren las actuales plaza Doctor Pedro Vallina (en el entorno de Sta. Justa) y calle Melchor Rodríguez (en Valdezorras), también destacados anarcosindicalistas sevillanos.

Tres hermanos (Juan, Julián y Miguel) llegaron de su Benacazón natal, siguiendo a su padre y a su madre, por las oportunidades que ofrecía para sus oficios de la construcción las obras relacionadas con la Exposición Iberoamericana de 1929. Se instalaron en el barrio de san Julián y fueron desde el principio grandes activistas de la CNT, cuyo Sindicato de la Construcción y afines era uno de los más punteros. Sevilla conservaba en este barrio de la zona norte proletaria toda su identidad y conciencia de clase sin fractura. Allí conocieron a Emilio Calderón, un trabajador de la madera que les introdujo en el sindicalismo revolucionario. Hay varias noticias que los señalan como activistas en la autodefensa obrera frente al pistolerismo de la patronal, o durante la huelga general que paralizó Sevilla en solidaridad con los huelguistas de la minera Sallent (en el Llobregat catalán), y también contra las deportaciones a Canarias y colonias del África ecuatorial de decenas de anarcosindicalistas. Todo este activismo les llevó a visitar en varias ocasiones la cárcel, algo muy frecuente en esos años, incluido intentos de fuga.

La jornada de las seis horas en el 36

Este compromiso anarcosindicalista de los hermanos Arcas tuvo su máximo exponente en la firma de las Bases del Trabajo (equivalentes al actual Convenio Colectivo) que supuso un hito en la trayectoria de la CNT al establecerse, entre otras importantes mejoras, la jornada laboral de seis horas, 36 semanales (incluyendo el sábado como jornada laboral). Precisamente, los logros que iba consiguiendo el sindicalismo revolucionario están en la base del golpe militar de julio de 1936 y, en consecuencia, de su brutal represión sostenida desde el primer minuto; es decir, que está en el ADN del régimen franquista.

La represión no se limitó a los hermanos Arcas, sino que se extendió a su familia entera, especialmente a las compañeras de vida de Juan y Julián. Ellos estaban en la lista negra, pero como los falangistas no dieron con ellos, fueron a sus casas para detenerlas y hacer que hablaran sobre sus paraderos. Pese a las torturas no lo consiguieron y las llevaron a su casa de la calle
Marteles para que vieran a sus hijos —eso les dijeron—, pero las mataron delante de las criaturas, con toda la mala sangre…

Juan moriría pronto en el frente de Cerro Muriano (Córdoba), y dio nombre a un batallón que operó en Andalucía y en el que estuvo enrolado su hermano Julián. En marzo de 1938 estuvo en el frente aragonés y por la sierra del Maestrazgo, alcanzando el rango de comandante en el Ejército de Levante. Estuvieron en varios frentes hasta su salida al exilio en una motora, acompañado de su hermano Miguel y otros compañeros cenetistas sevillanos, entre ellos Manuel Ramírez Castillo. Pretendían dirigirse a Orán (Argelia), pero les faltó combustible y estuvieron a la deriva hasta que fueron recogidos por un barco holandés que los llevó a Argel. Conocieron varios campos de concentración del gobierno galo en las peores condiciones de vida y trabajo, y pronto se integraron en la resistencia francesa.

Miguel Arcas, ‘Víctor’ en el maquis francés

Su historia tuvo un mayor desarrollo, especialmente por su activa participación en la «resistencia» francesa contra la invasión del ejército nazi-alemán. Adoptó el seudónimo de Víctor y llegó a alcanzar el grado de comandante de las Fuerzas Francesas del Interior, siendo reconocido con el más alto honor al detener su partida, de apenas cuarenta hombres, en La Madeleine en Tornac en agosto de 1944, a un batallón de un millar de soldados alemanes. Cuando su teniente coronel se dio cuenta de que había sido capturado por un grupo de desarrapados españoles se suicidó allí mismo. También participó en la liberación de Limoges. Finalizada la guerra continuó en Francia, se casó y tuvo tres hijos. Desde aquí regresó clandestinamente a España en diversas ocasiones para realizar tareas de espionaje para los gobiernos británico y norteamericano por la costa de Huelva. Continuó participando en las actividades de la Amical de antiguos guerrilleros españoles en Francia. En 1978, cuando se creó la sección del Gard, fue nombrado su presidente honorífico. Murió en Saint Etienne-Vallée-Française, cerca de Montpellier, en 1996.

Era tal la impronta de los hermanos Arcas en la ciudad que, cuando Miguel regresó a Sevilla a mediados de los 80, se congregaron cientos de personas junto al local cenetista de entonces, en la calle Divina Pastora. Nadie quería perderse volver a saludar a uno de los que más recordaban por su compromiso social y vida consecuente con el ideario ácrata. Dejó testimonio de su vida en una entrevista realizada y grabada por Julio Guijarro. En ella pone de relieve su condición de abstemio y empedernido lector, cualidades muy valoradas en el mundo libertario, y que contrastaban con sus grandes manos llenas de callos y cortaduras por su trabajo como carpintero.

En la web Todos los nombres están algunos materiales relacionados con la familia Arcas. Por una parte, el libro que cuenta el citado Convenio con la jornada de las seis horas, y también la microbiografía de Miguel. Y se están preparando las correspondientes a Juan y Julián por sus descendientes directos, que estuvieron presentes en el acto de la nueva calle y pusieron de manifiesto su agradecimiento por dicho reconocimiento a la familia Arcas.

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