nº70 · Feb 2026 | farándulas

Salud No Responde

Salud no responde es un documental que pone el termómetro en la calle para medir el detrimento de la sanidad pública andaluza con respecto a décadas anteriores, y enciende todas las alarmas de este irrefrenable modelo privatizador que comenzó la última etapa del gobierno socialista y que el actual gobierno de Manuel Moreno Bonilla no ha dudado en pisar a fondo el acelerador. Este documental recoge por un lado testimonios tanto de usuarias/os, como de profesionales y demás activistas de Mareas Blancas de nuestra tierra. Da voz a diferentes personas a lo largo de todas las provincias del territorio andaluz en entornos rurales y urbanos, lo que se muestra como un rasgo interesante por la tendencia de los poderes públicos a que los pueblos caigan en el olvido, cuando suelen ser los más necesitados. Por otro lado, introduce el concepto de la sanidad pública dentro de la salud ambiental mostrando la belleza de nuestros paisajes y utilizando recursos cinematográficos a modo de poesía visual.

Una parte crucial del trabajo es que revela el generalizado desgaste de los propios profesionales por no poder desarrollar su trabajo con medios y en condiciones dignas. Esta situación de crisis ha conseguido que muchos sanitarios, desde dentro, también estén denunciando el desmantelamiento del sistema y estén gritando a viento y marea cómo ellos/as se ven sobrecargados/as. Este personal se enfrenta rutinariamente a atender e intervenir en condiciones de agotamiento profesional, viendo, a su vez, cómo se aplican recortes de personal respecto a lo diseñado en los organigramas y las necesidades reales.

El documental, necesario portavoz de tantas voces que sufrimos esta realidad, ha sido dirigido por Pablo Coca y financiado gracias a la colaboración de la gente a través de la plataforma Goteo, siendo la propia Marea Blanca la que solicitó a su autor elaborar este material de difusión de la situación actual.

Como nos muestra la cinta, la situación se hace especialmente crítica si nos referimos al tiempo de demora entre pruebas y diagnósticos que está ocasionando empeoramientos de enfermedades e incluso fallecimientos. La falta de medios provoca que se den diagnósticos, pero no tratamientos; ya sea porque se carece de recursos o porque no llegan a tiempo, produciéndose circunstancias tales como recurrir al Servicio de Urgencias como única posibilidad de atención sanitaria ante la falta de un servicio eficiente de atención primaria, lo que provoca todavía más saturación.

A través de numerosos datos se deja patente que el principal beneficiario es el negocio de la sanidad privada que, aunque atienda con mayor rapidez, no asume cualquier tipo de enfermedad. Además, si la situación se complica a intervenciones de mayor envergadura, derivan para la pública, dando como resultado que la sanidad privada solo se encarga de las enfermedades leves y rentables. Además, como nos muestra el documental, esto viene a agravarse con que más del 30-40% del gasto de sanidad va para el ámbito privado por las colaboraciones público-privadas, lo que produce una clara parasitación del sistema con la «externalización de servicios» (eufemismo de privatización), que se traduce en una pérdida de control en la calidad. Ejemplo de ello es el caso de Salud Responde, que desde hace tiempo es una subcontrata con condiciones laborales y servicio deplorables.

Resulta importante señalar, aunque es ampliamente sabido, que la sanidad pública andaluza es la peor financiada en todo el Estado, empezando a aparecer los recortes en 2010. De aquellos polvos, estos lodos.

Un detalle destacable, que homenajea a aquellos que no cesan en su empeño combativo es que, a lo largo del documental, continuamente vemos imágenes de las movilizaciones de las Mareas Blancas, lo que refleja la idea de la importancia de estos procesos colectivos, así como de la unión ciudadana. Todo ello actuando como telón de fondo o hilo conductor de múltiples situaciones desgarradoras que provoca el desmantelamiento cada vez más alarmante de nuestra sanidad pública.

Por destacar algunas de ellas (pero sin querer desvelar los entresijos de este oportuno y delicado trabajo) el documental nos acerca a una realidad encarnada por diversas personas que han sufrido, entre otras muchas cosas: esperas infinitas de tratamientos que llegan tarde y provocan muertes tan evitables como injustas; cierres de instalaciones de unidades esenciales en hospitales provinciales que obligan a la población a desplazarse a las provincias vecinas; merma de los servicios de la atención primaria como base del propio sistema, lo que provoca una desestabilización en cadena del mismo; cierres de quirófanos, camas y servicios de asistencia continuada en «vacaciones»… Pero también: abusos en los contratos de corta temporalidad en los sanitarios haciendo inviable que estos puedan hacer un seguimiento de sus pacientes, falta de ambulancias con capacidad de asistencia en trayecto, degradación de los centros sanitarios para poder dotarlos de menos recursos…, y un infinito etcétera que deja ver cómo la infrafinanciación tiene impacto en todos los niveles: precariedad en las contrataciones, en las instalaciones y en los recursos, lo que imposibilita que el sistema sanitario pueda responder de forma satisfactoria a las necesidades de la población andaluza en su conjunto.

Se agradecen estos trabajos de recopilación de situaciones cotidianas que sirven, además de visualización, de altavoz a colectivos que luchan por mejorar esta situación tan crítica —las Mareas Blancas surgen en el 2017— y que no han cesado de estar coordinadas y en activo. Son casi diez años de reuniones, quejas, escritos, manifestaciones, juicios, notas de prensa, colectivización de problemas individuales, presión a las instituciones, movilizaciones ciudadanas, una lucha larga que no debe caer en desidia pues, por mucho que nos intenten alienar y generar desinterés por los recursos públicos para lograr un «sálvese quien pueda» con la privada, la sanidad pública es cosa de todas.

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