Regando el campo con mucho sudor

Como profe de secundaria, al ser confinado por contacto estrecho con una persona con COVID, pasé a desempeñar mi trabajo de manera telemática, situación que fue interrumpida a los pocos días, al comenzar a manifestarse ciertos síntomas que me impedían trabajar y se cursase, por tanto, mi baja. “La salud es lo primero”, “ahora lo importante es cuidarse”, me repetían con cariño mis seres queridos. Hasta aquí, todo bien.


En otro lugar de este mismo tiempo raro está el alumnado, que no goza de este derecho. Niñas y niños haciendo tarea con el agrio sabor en la boca de la última vomitona, o estudiando al calor de la fiebre para el examen (ahora online) del día siguiente. Para ellxs no hay un “la-salud-es-lo-primero”. Para ellxs, en el mejor de los casos, una manzanilla calentita y un “ánimo, cariño”, o incluso un “venga, aprieta”, que es muy distinto.


En definitiva, nada nuevo. Cosas que han pasado toda la vida. Nadie se ha muerto por esto, ¿verdad?. Lo nuevo es la generalización de la situación descrita en estos tiempos de crisis sanitaria. Lo preocupante no es tanto el hecho en sí, como la creciente pujanza de este mensaje a todo nuestro alumnado: a aquel sector que ha conseguido mantenerse lejos del
bicho y que está floreciendo a una vida que les ofrece poco más que cole y casa (si la hubiere); al confinado en las condiciones que cada un@ tenga en casa; y en especial a aquel que sufre de un modo u otro la sintomatología de la enfermedad. Este último sector representa a un número nada desdeñable de nuestro alumnado a día de hoy. Un número cuya magnitud real desconocemos, dada la opacidad de la Consejería de Educación en cuanto a las estadísticas de contagio en los centros educativos, con el fin de mantener su rumbo inamovible en medio de la procelosa marejada pandémica, y que la música siga sonando a pesar del hundimiento del barco, pero ese es otro cantar.

Lo que aquí pretendo poner de manifiesto es el recelo por los valores que se están inculcando a nuestra chavalada: Para ell@s no hay una baja. Ni si quiera un “ahora-lo-importante-es-cuidarse”. Para ell@s un “ánimo, cariño…aprieta”, un mensaje productivista e inhumano de competitividad que llama a exprimirse aun a costa de la salud. Una semilla de barbarie que
germinará en muchas cabecitas y acabara hundiendo sus raíces en la tierra que pisemos en los tiempos venideros. Regando el campo con mucho sudor.

Por

Juan Rodríguez Rubio

Profesor