nº72 · Ago 2026 | todo era campo

Martina Casiana, Pionera y olvidada

Nació en Madrid el 30 de enero de 1881 en el seno de una familia humilde. A los catorce años, entró en la Escuela Normal Central, una institución educativa destinada a la enseñanza de los maestros. Tras convertirse en Maestra de Primera Enseñanza Elemental y Superior y superar en 1901 la Reválida de Grado Normal, oposita en 1905 y accede a un puesto en la Escuela Pública de Niñas de Horcajo de Santiago (Cuenca). Ese mismo año, obtiene por oposición libre a Cátedras de Ciencia Normales de Maestras, una plaza de profesora en la Escuela Normal Superior de Maestras de Bilbao. Inicialmente, tanto ella como Matilde Jove y Canella (maestra que había obtenido una plaza en la sección de Ciencias) tardaron en incorporarse al ser suspendidas de empleo y sueldo, debido a la oposición de la Comisión Mixta de la Normal a su nombramiento, problema solventado gracias a la intervención del Ministerio de Instrucción Pública.

Al margen de su actividad docente, en esta primera etapa cabe destacar también su labor como vocal de la Junta de Protección de la Infancia de Vizcaya, desde marzo de 1908 hasta octubre de 1911. Al parecer sus alumnas valoraban su dedicación y empeño en que aprendiesen, si bien tenía fama de ser muy estricta en sus calificaciones.

Aunque no hay constancia de que cursara estudios superiores, siempre trató de ampliar sus conocimientos, especialmente en aquellas asignaturas que impartía. En 1911 obtuvo una beca del Ministerio de Instrucción Pública para poder ampliar sus estudios en Madrid por un periodo de seis meses. Durante este tiempo, realizó trabajos prácticos de química en el laboratorio de la facultad de Farmacia bajo la tutela de los profesores Casares y Piña.

En esta época, en concreto el 4 de marzo de 1912, presentada por los arriba mencionados Casares y Piña, Martina ingresó en la Real Sociedad Española de Física y Química (SEFQ) convirtiéndose así en la primera mujer en ser socia. A pesar de la importancia de este hecho, cayó en el olvido. De hecho, en 2017, Carmen Pradel fue felicitada erróneamente en la propia Sociedad por ser la primera mujer miembro de la misma.

Merced a su conocimiento del francés y del alemán que había aprendido por su cuenta, solicitó una beca ofertada por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) para ir a Leipzig a conocer los avances científicos y pedagógicos. El movimiento científico alemán era un ejemplo para ella, siendo su propósito adquirir conocimientos científicos prácticos para mejorar la formación científica de los maestros. Una vez finalizada su estancia en Alemania se reincorporó a la Normal de Bilbao en el curso 1913-1914.

Tras su vuelta, Casiano publicó una memoria de su estancia, La Enseñanza de las Ciencias, donde detalla algunas reformas más centradas en los intereses y necesidades personales de los alumnos que en los contenidos disciplinares de cada una de las materias; proponiendo actividades experimentales que despertaran la curiosidad y el interés de los alumnos. Seguidamente escribió el libro Experimentos de Física (Bilbao, 1915), que fue el primer libro de experimentación sobre la materia escrito por una mujer española. Con el mismo, trató de llenar el vacío de libros de prácticas en las que se tuvieran en cuenta las dificultades con las que se encontraban los profesores de las Escuelas Normales a la hora de intentar que sus alumnos realizasen los experimentos. En este segundo periodo de estancia en Bilbao, desde el curso 1913-1914, será responsable del Laboratorio de Ciencias y del Jardín Botánico de la Escuela Superior de Maestras de Bilbao. A partir de 1923 es designada responsable del Observatorio Meteorológico de Bilbao, dependiente del Instituto Geográfico que, instalado en el patio de la Escuela Normal, funcionó hasta la Guerra Civil. En 1931 ingresó en la Asociación Española para el Progreso de la Ciencia (AEPPC).

El final de la vida de la maestra resulta un tanto desconocido, pero sí se sabe que ella y su hermana sobrevivieron a la sublevación producida en el barco Galdames, con el que pretendían escapar en la Guerra Civil. Tras este suceso la sometieron a un expediente de depuración. En 1937, le suspenden de empleo y sueldo por un periodo de dos años y la trasladan forzosamente a la Escuela de Magisterio Primario de Cádiz. Allí ejerce como Catedrática Numeraria de Ciencias e imparte clases de Física, Química, Higiene, Fisiología e Historia Natural. Su jubilación llega en el curso 1950-51, tras cuarenta y cinco años. Fallece en 1958, a la edad de setenta y siete años.

En la actual Facultad de Educación de Bilbao, antigua Escuela de Magisterio de Bilbao, se ha construido el edificio Plataforma Científico-Técnico que ha recibido el nombre de Martina Casiano.

A modo de conclusión, resulta muy emotivo asistir a la rehabilitación de la pionera de la enseñanza de las ciencias que fue Martina Casiano; maestra vocacional, que siempre sostuvo que la docencia era algo vivo y un campo necesario para la ciencia. Crítica, visionaria, con gran capacidad de observación y comprensión de la realidad; quizá, porque no tenía ningún título de enseñanza superior y por la secular infravaloración de la docencia frente a la investigación, su memoria ha permanecido difuminada en el tiempo. No se debería olvidar que el interés que ella puso en que sus alumnas aprendieran de verdad constituyó toda una revolución dentro de las clases españolas del siglo XX.

Sobrecoge leer textos que escribió hace más de setenta años por la lucidez y vigencia que mantienen.

«…producimos más hombres de letras que de ciencias y la vida de una nación no es posible sostenerla de esta forma… No tenemos laboratorios porque no hay dinero y, sería preciso añadir, a veces lo poco que hay no saben en qué emplearlo, y aquí resulta un círculo vicioso del que no saldremos tan fácilmente: sin laboratorios no habrá científicos y sin científicos no habrá laboratorios, y aquí radica uno de los trabajos más importantes de esta Junta, traer elementos de fuera, hacer un esfuerzo para sacar a España de este estado de cosas, germen del atraso industrial…».

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