nº70 · Feb 2026 | todo era campo

La joya de la corona ya no está

«La Sanidad española es la joya de la Corona», era una de las frases más repetidas en los noventa en campaña electoral. La decían tanto desde la izquierda como desde la derecha, en mítines o para justificar una mínima privatización o una pequeña inversión.

La Sanidad Pública, hasta la reforma de 1986, se encontraba totalmente dispersa en dependencias estatales y, por tanto, con un funcionamiento descoordinado. El cambio más radical de la reforma fue pasar de considerar a cada persona trabajadora como titular de derecho y a su familia directa como beneficiaria, a hacer este derecho individual y universal, es decir, hacer que cada persona tenga acceso a la Sanidad por sí misma y no por estar en una cartilla.

La reforma sanitaria se implantó paulatinamente. En Sevilla comenzó con cuatro Zonas Básicas: Torreblanca, Dos Hermanas, Pino Montano y Bellavista cada una con un Centro de Salud.

El trabajo en estos nuevos centros era totalmente diferente:

—Lo primero fue acordar entre la trabajadora social del Centro de Salud y los ayuntamientos y asociaciones de vecinos locales, el número de personas que vería cada profesional diariamente. Serían cuarenta con cita y un número máximo de urgencias y consultas no demorables.

—Se hacían equipos de médique-enfermere que se encargaban de una parte de la población de la zona.

—Pasaban consulta diariamente para los problemas habituales que no requerían más de siete minutos por persona.

—Dos días en semana tenían una consulta programada de revisión de personas con enfermedad crónica (diabetes, hipertensión, etc.) o para estudiar a quienes por la complejidad de su dolencia necesitaban más de siete minutos.

—Una vez a la semana se realizaban revisiones a embarazadas, así como a mujeres que solicitaban planificación familiar o citología.

—Además atendían los avisos que surgieran y visitas a domicilio.

—Las enfermeras tenían su consulta de revisión de las personas con problemas crónicos y los servicios comunes: sala de curas, urgencias, electrocardiogramas, analíticas y atención a domicilio.

Una parte importante y novedosa eran las reuniones periódicas del equipo o una hora de Formación Continuada para todes.

El cambio con la reforma fue muy importante: pasábamos de la asistencia totalmente centrada en el médico o medica que atendía dos horas y media diarias, a entre setenta y ciento veinte personas según el día, a la atención centrada en la población del centro de salud, donde todes les sanitaries permanecían siete horas diarias. Esto suponía un trabajo organizado y en equipo con sus tiempos de formación y coordinación.

Esta era la «joya de la Corona» de los políticos. Con los años, la clase dirigente fue limitando la financiación y burocratizándolo todo. El grifo económico se fue reduciendo o bien por la crisis, o porque se derivaban recursos para otros asuntos que al mandamás de turno le interesaban. De paso se congelaban salarios, y se escatimaba en la renovación de personal y de material.

Al principio se sustituían todas las ausencias laborales prolongadas o las vacaciones. Ahora, los nuevos contratos cada vez son más cortos, incluso de días. Se procura que abarquen justo el período de máxima sobrecarga laboral y se sustituyen dos, tres o cuatro trabajadores por una sola persona. Se hacen varios contratos en lugar de uno y así ahorran fines de semana que no trabajan.

Ante este maltrato laboral, les trabajadores se han ido quemando cada vez más, y muches se desplazan a otras comunidades, o incluso a otros países en los que ofrecen unas condiciones mucho más justas.

De esta forma, la manoseada explicación «no hay personal sanitario para contratar» se ha hecho cierta porque nadie aguanta las condiciones actuales. Una anécdota personal como ejemplo: hace veinticinco años pensé irme como médico a un país escandinavo. El gobierno de allí ofrecía —si firmabas por dos años— formación los seis primeros meses aprendiendo la lengua, tutorización mientras trabajabas en un centro de salud, un sueldo más que digno, trabajo para el cónyuge y guardería o colegio para les hijes. A los dos años, si querías seguir en el puesto te hacían un contrato fijo en el Sistema Nacional de Salud. Y es que ofrecer unas buenas condiciones se traduce en el retorno de los que se han formado aquí y desean quedarse en su tierra.

El deterioro en los últimos años ha sido rápido y paulatino. En Andalucía, además, en los últimos ocho años se han añadido la desmotivación del personal, la falta de financiación y las facilidades dadas a la privatización.

Se han tomado medidas que allanan el florecimiento de las mutuas privadas: desgravación en hacienda al contratar un seguro privado, posibilidad para les profesionales de compatibilizar el trabajo en la pública y la privada y facilidades y financiación de laboratorios privados de analítica y de pruebas de imagen en lugar de actualizar los propios de la Seguridad Social.

Empezó el PSOE con ambulancias, servicios de limpieza y algunos hospitales concertados con la empresa Pascual, y ahora el PP quiere hacerlo con el personal, los centros de salud, ambulatorios de especialidades y más hospitales.

Algo que me llama profundamente la atención es que a todes les representantes políticos (miembros del Congreso, Senado, parlamentos autonómicos, ayuntamientos y diputaciones), se les adjudica al tomar posesión del cargo, un seguro con una mutua privada además de la seguridad social correspondiente. Es decir, las personas que deciden sobre la Sanidad en nuestro país tienen medicina privada.

Y es que somos muchos los usuarios y los sanitarios que queremos una SANIDAD PÚBLICA, GRATUITA Y UNIVERSAL. Solo hay que unirse y luchar.

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