nº59 | farándulas

EL Punk peninsular desde una perspectiva anarcotransfeminista

¡El punk no ha muerto, pero como no se renueve, lo matamos!

Cuando descubrí el punk, de repente, se me quedó corto todo lo demás (aunque suene contradictorio). El punk llega siempre para sembrar una semilla de cuestionamiento o desacuerdo; la provocación (que es a lo que está asociado generalmente) es lo de menos al lado de lo que aporta como persona el hecho de desarrollar tu conciencia política a través de la música.

Muches creen que no es importante posicionarse, pero en un mundo en el que la opresión nos atraviesa de forma holística, politizar los espacios de ocio, sociales o artísticos es la herramienta más poderosa que nos queda para reivindicarnos como personas disidentes. ¡Pero cuidao! Que la línea que separa el «punk kalimotxero» del movimiento punk puede ser muy fina. Existen festivales como el Viña Rock, grupos y estrellas punk como Evaristo Páramos, Non Servium o Boikot, que utilizan discursos subversivos como recurso estético o estrategia de marketing, fagocitando luchas y creando negocio de algo muy serio. Estos son grupos y eventos donde los hombres llevan años apropiándose de un discurso, que si bien en un comienzo fue útil y reivindicativo, ahora ni de lejos suponen ser un ejemplo de lucha.

El punk nació de la necesidad de gritar y quejarse, pero como cualquier otro estilo, también está plagado de hombres cis. Es triste que aún, en los tiempos que corren, tengamos que seguir haciendo esfuerzos para encontrar grupos con identidades disidentes, sobre todo, en el sur del Estado. Esto lo vivimos descaradamente cuando formamos Vulvassur (punk no mixto sevillano, en 2018); durante los años que estuvimos activas, encontramos muchas dificultades tanto para compartir cartel con alguien que no fuesen tíos cis puretas, como para mantener el grupo no mixto. Nosotres tenemos que hacer siempre un doble esfuerzo, ya que somos doblemente juzgades y por ello nos cuesta más sentirnos segures o representades. Esto está cambiando con los años, pero queda mucho por hacer aún.

Haciendo un barrido a nivel estatal, diría que la diferencia entre País Vasco, Barcelona, Madrid y Valencia en el panorama punk con respecto al resto de la península es abismal. Por supuesto, esto tiene que ver con una cuestión cultural e histórica, puesto que son lugares generalmente más «progres» en los que los movimientos sociales han mantenido el pulso a los fascismos, caldo de cultivo perfecto para que germine el punk. Concretamente en Euskalherria (cuna del punk en el Estado), la existencia de un gaztetxe casi por cada ciudad, facilita la reunión y la creación de eventos con asiduidad, en los cuales, desde mi experiencia personal, participan en su mayoría personas disidentes que generan espacios de seguridad (Errekaleor, CSOA La Esquirla, La Kelo, Sastraka y grupos como Ternura, Aihotz, Lentejas, Brüma o La Virgen). En Barna, donde se ha mamado históricamente la resistencia y la okupación, hoy en día existen grupos (Polvo de Hadas, Pols) y espacios liberados4 mixtos y no mixtos (CSO La Ruina, El Kubo, Pisos Fantasmas, La Eskandalosa) con una agenda siempre que echa humo. Madrid últimamente está viviendo de manera más extrema la represión policial y fascista, perdiendo muchos espacios (CSOA Coko, Enrredadera, Quimera, Emboscada), pero siguen siendo un ejemplo de lucha y referencia grupos como Genderlexx, Bajo control, Troika o Perra Vieja. De Cantabria a Galicia (cuna del crust punk) se nota el envejecimiento del punk, pero afortunadamente existen personas que siguen currando desinteresadamente por visibilizarnos, como Maritxu Alonso (Oviedo), creadora del sello autogestionado Uterzine, una comunidad que alberga desde la autoedición pasando por talleres y recopilatorios de grupos disidentes (No más punkis muertas), que podéis encontrar en la web; o los grupos Voces de Ultratumba, que emergió en los ochenta y hemos reactivado recientemente, Atorrak (Zaragoza), Partenogénesis (Almería), Er Pizu (Chiclana de la frontera) y Sharp Knives (Lisboa). También podemos encontrar en Córdoba la asociación cultural El Tugurio, llevada por los integrantes del grupo Who Cares!!!, quienes hacen verdaderos esfuerzos desinteresados por traer grupos de diversos estilos; en Málaga, el CSA Las Vegas, donde Sopa Jervía organizan talleres y concierto interesantes; en Murcia, el CSO Kasablanka o La Algarroba Negra, en Badajoz.

Uno de los frenos que he vivido en los últimos años en Sevilla ha sido la ausencia de espacios liberados donde poder organizar eventos fuera de la lógica capitalista que implica una sala alquilada. A falta de estos espacios, han existido y existen colectivos como Cloakas, que organizó eventos callejeros autogestionados politizando el ocio o recaudando fondos para causas antirrepresivas; Andalucía Über Alles, que ha traído a muchísimos grupos nacionales e internacionales a la sala Hollander y el CSO Malatesta.

Me gustaría compartir algo que llevo observando unos años inherente a todos los espacios. Como cada vez somos más capaces de señalar a nuestros agresores, están saliendo a la luz todas las actitudes de mierda que tienen muchas personas a nuestro alrededor. Esto nos está afectando, generando debates y diferencias, pero considero necesario transitarlos y, por supuesto, preferibles a mirar para otro lado. Es triste ver cómo se rompen vínculos, pero gana la necesidad de tener una visión crítica, empática y de apoyo mutuo con conflictos así.

No olvidemos nunca el espíritu de autogestión que tan bien acompaña al punk con la lógica del DIY (hazlo tú misme), ni permitamos que se anquilose y se lo apropien los señoros.

¡El punk no se vende, convirtámoslo en un espacio seguro para todes!

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