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500 años del Motín del Pendón Verde

Sevilla 1521. Si buscamos estas dos palabras en internet o en cualquier libro de historia nos aparecerá sin duda una ciudad que empezaba a recibir las riquezas de la América colonizada por Castilla y donde aparecerán los primeros brotes del Renacimiento italiano que traían los ecos del humanismo. Las crónicas no hablan del pueblo y mucho menos en el sur.

En la Sevilla de 1521 se respiraba comercio, bullicio, mestizaje y hambre. En el popular barrio de la Macarena, que es donde nos vamos a situar históricamente, un porcentaje muy alto de la vecindad se dedicaba a la agricultura, en unas huertas que se encontraban fuera de la cercana muralla. Otro se dedicaba a las artesanías gremiales, al comercio y a vender en los diferentes puestos de la calle Feria. Sevilla había sido siempre muy urbana: mercados y zocos se distribuían en diferentes calles y barrios. Recordemos que cuando en el norte de la península todo era feudalismo y vasallaje, la civilización de Al Ándalus era comercio y ciudad. Siempre quedó algo de la gran Isbilya.

El barrio era también una amalgama de culturas: convivían comunidades cristianas, gitanas y moriscas que ocupaban las zonas más bajas de la sociedad. Poco se habla de estas últimas y, aunque la historiografía los oculte, los documentos de la época nos hablan de sus vestimentas, de las continuas leyes contra ellas. Desde Alfonso X hasta los Trastámara, junto con la nobleza, intentaron castellanizar Andalucía y quitarle todo lo «moruno» que hubiera.

La historiografía sobre motines y revoluciones populares es escasa. Se cumple el dicho de que «los vencedores escriben la historia», pero si buceamos por ella encontramos la lucha.

En 1652, José Maldonado Dávila y Saavedra, en sus cartas escritas a el marqués de Aitona (Diario exacto de la sublevación de alguna plebe de la parroquia de Omnium Sanctorum, 1841), describe el barrio de la feria, y habla de unas agitaciones o manifestaciones por parte de los gremios que se recordaban del siglo pasado. En ese año hubo otro motín, el conocido «Motín de la Feria», pero la gente se acordaba también del de hacía más de un siglo.

¿Que pedía el pueblo sevillano? Pedía pan, «las cosas de comer» que se sigue hoy pidiendo desde el sur. «Pan, trabajo y libertad» fue la pintada en Almería por la que se decidió disparar fulminantemente a Javier Verdejo en 1979. En el siglo XVI los grandes impuestos siempre recaían en el tercer estado y hacía que la existencia de estas vecinas fuera la supervivencia.

Las crónicas del Motín del Pendón Verde nos hablan del carpintero Antón Sánchez, uno de los cabecillas del motín, el cual convocó a los vecinos y vecinas de las parroquias de San Gil y San Martín para hacer una petición común de comida y bajada de impuestos. Se dirigieron al Corral de Los Olmos, donde en ese momento se ubicaba el Ayuntamiento de Sevilla. Allí quisieron ser escuchados por los caballeros y el asistente de la ciudad. Ignorados, marcharon al palacio del duque de Medina donde tomaron cañones y, así mismo, cogieron un pendón verde de la iglesia. Allí se dirigieron al Alcázar, lo tomaron haciendo dimitir a su alcaide y ocuparon sus murallas.

El marqués de La Algaba intentó, vino mediante, calmar la manifestación y que la vecindad depusiera su actitud, pero no lo consiguió. En su lucha se apoderaron de armas y liberaron a presos de cárceles sevillanas. Las tropas imperiales se hicieron cargo del asunto y acorralaron a las personas amotinadas en la parroquia de Ómnium Sanctorum, donde fueron apresadas y ahorcadas en la fachada del palacio de los marqueses de La Algaba. Posteriormente expusieron las calaveras de cuatro de sus organizadores para escarnio y escarmiento de toda la que osara manifestarse contra el poder colonial establecido por Carlos V, quien, para cubrir los gastos de su futura boda en el Real Alcázar, promovió una subida de impuestos que asfixiaba al pueblo de Sevilla.

Como hemos dicho en las líneas anteriores, la vecindad amotinada cogió un pendón verde, una banderola que se encontraba en la iglesia de Ómnium Sanctorum justo en la capilla bautismal, bajo la torre de esta iglesia mudéjar. Esta bandera, cuentan las crónicas, perteneció a Boabdil y a su ejército, y fue arrebatada por los Reyes Católicos en 1469 en la llamada Batalla de Lucena. En esa batalla se trajo el pendón como motín de guerra junto a otros enseres.

Es indudable que este símbolo también viene de la tradición Omeya y Almohade, un símbolo verde con estrellas blancas que recuerda a otras enseñas más antiguas y otras más modernas: el verde y blanco de tradición andalusí hecho banderola que colgó de las murallas de la Alcazaba de Almería en el siglo IX, de la Giralda en el XII y, también, posteriores al Motín del Pendón Verde: en el siglo XVII en el intento del duque de Medina Sidonia por la independencia de Andalucía; en las revoluciones cantonales de 1878; comunas de Casares del XIX; en la asamblea de la constitución de Antequera en 1883; y fue en la Asamblea de Ronda de 1919, donde quedó reflejada su última versión que se utilizaría para su institucionalización como «arbonaida», o bandera andaluza, por la actual Junta de Andalucía. No podemos afirmar que el pendón verde y la bandera andaluza sean lo mismo, pero sí que el motín era conocido por los asamblearios de Ronda.

Los motines en Andalucía se siguieron repitiendo y las luchas sociales han llegado hasta el día de hoy. También estas luchas han estado representadas por los símbolos verde y blanco. No estuvimos allí para saber por qué eligieron ese pendón; seguramente muchas eran moriscas que se sintieron representadas, pero esas personas que salieron a la calle enarbolándolo, intentaron construir una Sevilla más digna y justa.

Por

Francisco Fernández

Profesor de Historia y miembro de la Asociación del Motín del Pendón Verde