Ikea: la república independiente de… la precariedad laboral

Cada vez es más común que las grandes empresas subcontraten servicios. Muchas veces, esta subcontratación se da a través de «falsos autónomxs» que son obligadxs a darse de alta de manera fraudulenta cuando deberían estar contratadxs directamente por la empresa. Otras veces se subcontrata a empresas menores creadas solo para realizar un servicio, bajo el control de la gran empresa. En cualquier caso, el proceso de subcontratación conlleva aumento de precariedad laboral, pues las plantillas subcontratadas no tienen estabilidad, cobran menos y no disfrutan de muchos derechos recogidos en el convenio colectivo de la empresa que subcontrata. Es decir, grandes empresas y administraciones públicas utilizan la subcontratación como una manera fraudulenta, y muchas veces legal, de evitar obligaciones para con sus plantillas y aumentar sus beneficios a costa de aumentar la tasa de explotación. Ikea, más allá de sus llamativas campañas de publicidad, no es una excepción.

En Ikea de Sevilla éramos 16 personas trabajando en una subcontrata solo para la multinacional sueca. Nos dedicábamos a recoger la «línea de caja», ordenando bolsas y productos descartados, reponiendo «herramientas de compras» (lápices, cuadernos, metros…), recogiendo carritos en el parking, etc. Algunxs de nostrxs llevábamos más de 8 años en nuestro puesto de trabajo y, aun así, sufríamos una gran precariedad: un salario de miseria con algunas jornadas superando las 12 horas, sin distinción entre días laborables y festivos, sin coger vacaciones en algunos casos, encadenando contratos en fraude de ley y sufriendo abusos de poder por parte de algunxs jefes… Con esta situación, Ikea incumplía su código ético interno, según el cual debería controlar que todxs sus «colaboradorxs» tuvieran una situación laboral digna.

En junio de 2016 nos avisaron desde Ikea que iban a cambiar la empresa subcontratada y pensamos que contarían con nosotros como manda la ley y la justicia social. Pero no fue así y se saltaron la subrogación. Entonces, fuimos coaccionados por algunos jefes para que no denunciáramos, ofreciéndonos trabajo que nunca llegó. Nuestra subcontrata carecía de otros centros de trabajo donde reubicarnos e Ikea lo sabía, trabajábamos exclusivamente bajo sus órdenes y con sus herramientas.

A raíz de nuestros despidos hemos denunciado a Ikea por cesión ilegal de trabajadores y estamos movilizándonos organizados en el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT).

Las empresas se aprovechan del alto desempleo y la precariedad laboral que sufrimos: «Si tú no haces este trabajo en estas condiciones, vendrá otrx y lo hará». Además, aprovechan las últimas reformas laborales para exprimir aún más a las plantillas. Sin embargo, esta dinámica de abusos patronales puede romperse mediante la solidaridad, la movilización y la unidad en la lucha. Desde que comenzamos a denunciar nuestra situación hemos recibido apoyo de mucha gente y hemos apoyado otras luchas como la del SAT en La Algaba contra el despido de un compañero en Five Technologies o la movilización de la plantilla excluida de la regularización de la bolsa de empleo de Lipassam.

Pensamos que es muy importante crear unión y solidaridad. Así, vemos que las Marchas de la Dignidad son un espacio clave para unir las luchas: «Pan, Techo, Trabajo y Dignidad» significa derogar la reforma laboral, prohibir los desahucios, estatalizar bajo control obrero los sectores claves de la economía, etc. Las Marchas de la Dignidad han acordado a nivel estatal convocar manifestaciones descentralizadas el 25 de febrero y una gran manifestación en Madrid el 27 de mayo de 2017.

Vayamos de las luchas locales a la lucha global para transformar el sistema. Hay que unir las luchas y golpear juntos. Si nos unimos podemos echar al gobierno, como acaba de hacer la gente trabajadora en Corea del Sur mediante movilizaciones masivas. Nuestro horizonte debe ser construir una huelga general desbordando a las burocracias sindicales para echar al gobierno y empezar a obligar a los capitalistas que paguen su crisis, al tiempo que construimos el poder popular que será el mundo del mañana.

Antonio, trabajador despedido de Ikea.

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