05 SOSTENIBILIQUE - Cesar Candelario- web

¿Será por criminalizar? La bicicleta en el punto de mira

La probabilidad de morir en un atropello de un coche que circula a 50 km/h es del 85%. Todos los años mueren en España alrededor de 400 personas atropelladas. En el mundo mueren al día 750 personas a causa de los atropellos. Es como si se estrellaran dos aviones de pasajeros al día.

Sin embargo, «la Cátedra Española de Seguridad Vial y Movilidad del Instituto Internacional de Ciencias Políticas ha advertido hoy de que la “permisividad” con las bicicletas genera “situaciones de riesgo” en ciudad, y ha propuesto que los ciclistas lleven matrícula y casco y que cuenten con un seguro obligatorio». Así empieza la noticia publicada recientemente en Noticias de Navarra1 y recogida por otros medios de comunicación como 20minutos o Telecinco.

El informe completo de la mencionada «cátedra» es la antítesis de lo que debe ser un informe científico, sin un solo dato objetivo y numerosos juicios de valor expuestos sin la más mínima prueba o evidencia. Para colmo, incluye recomendaciones que atentan directamente contra derechos fundamentales de las personas del tipo «la exigencia de número de ciclista, que podría portar con visibilidad suficiente en el dorsal del chaleco obligatorio, casco, etc. Hay ejemplos en el derecho comparado…» (especialmente en la Alemania nazi, cabría añadir).

La noticia no tendría mayor trascendencia si no fuera porque la presidenta de la autodenominada «cátedra» no es sino la directora de la DGT, María Seguí, máxima responsable de la redacción del próximo Reglamento General de Circulación. Y que otros «profesores» de la misma son los directores generales de tráfico de Cataluña y el País Vasco, el general jefe de la Guardia Civil de Tráfico, el inspector jefe de la Policía Municipal de Madrid, la directora del Observatorio Nacional de Seguridad Vial, el subdirector general de Gestión de Tráfico y Movilidad de la DGT y el subdirector general de Normativa y Recursos de la DGT. Además de don Jesús Gasanz, director general de Audi España, y otras personalidades, entre las que destacan los portavoces de la Comisión de Seguridad Vial del Congreso de los Diputados de todos los grupos parlamentarios (PP, PSOE, IU, PNV, CiU, Esquerra y grupo mixto), así como prestigiosos juristas, como todo un señor magistrado del Tribunal Supremo y ex Fiscal General del Estado, o todo un señor magistrado del Tribunal Constitucional.

Estamos, pues, ante un organismo que, al menos sobre el papel, representa a todas las «fuerzas vivas» de la política de seguridad vial del Gobierno, así como a los portavoces sobre este tema de todo el arco parlamentario (algunos de ellos con posiciones públicamente contrarias al casco ciclista obligatorio, lo que introduce dudas acerca de la metodología de la «cátedra» a la hora de elaborar sus comunicados) y destacados juristas.

Por otro lado, el Consejo de Estado considera que «la vida de las ciudades se verá ralentizada con la reducción del límite a 30 km/h» y alerta de que puede provocar «el colapso de las ciudades». Es lamentable que el Consejo de Estado confunda la velocidad máxima con la velocidad media, que es la que importa a la hora de saber cuánto tardamos en llegar a nuestros destinos: en los centros de las ciudades, típicamente, alrededor de 20 km/h. Reducir la velocidad máxima permitida no ralentiza la circulación ni colapsa nada, muy al contrario: mejora la gestión del tráfico, cuando este es denso, y aumenta la fluidez. La chocante y anacrónica afirmación del Consejo de Estado según la cual «ahora mismo es inviable el modelo sostenible propuesto de abandonar el automóvil y fomentar el uso de la bicicleta» nos parece muy grave proviniendo de la institución de la que viene. Si no ha llegado todavía el momento de fomentar el uso de formas saludables de desplazarse en la ciudad, entonces, ¿cuándo cabe esperar que llegue? ¿Llegará cuando las ciudades definitivamente se colapsen, víctimas del actual modelo insostenible, peligroso, antieconómico y socialmente perjudicial protagonizado por el automóvil privado? ¿Por qué la hora de la bicicleta, de la sostenibilidad y del sentido común sí ha llegado al resto de países de Europa y no al nuestro? Algunos organismos internacionales tienen las ideas mucho más claras y están proponiendo una reducción generalizada de la velocidad del tráfico rodado2.

Nos encontramos ante una serie de maniobras preocupantes, si no exactamente por su contenido (las posibilidades reales de que dichas propuestas prosperen son, a medio plazo, bastante escasas) sí por lo que podría significar. Y es que se está desarrollando desde instancias muy poderosas y con evidentes intereses económicos una campaña demencial para criminalizar a la bici en nuestras ciudades y para avivar un irrelevante conflicto entre ciclistas y peatones.

El auge de la bicicleta como medio de transporte se ve por las aseguradoras como una oportunidad de negocio para vender seguros de responsabilidad civil por un precio desorbitado, casi 100 euros al año, cuando en A Contramano tenemos un seguro de ese tipo para nuestros socios y socias cuya cuota asciende a 6 euros al año. No es una estrategia que pueda durar mucho y, en todo caso, el seguro para bicis nunca alcanzará las cifras de negocios del seguro obligatorio para coches. Para las compañías automovilísticas, el problema es más grave dada la popularidad de la bicicleta entre las generaciones más jóvenes, que significativamente están dejando de considerar al automóvil como un cacharro útil que merece ser comprado.

Además, hay otro aspecto más indirecto aunque no de menos importancia. La bici, y la filosofía que representa, es la antítesis de la economía acelerada y destructora que se nos pretende imponer. Muy al contrario, la bicicleta es la muestra más palpable de que las cosas se pueden hacer de otra manera más eficaz, ambientalmente respetuosa y generadora de felicidad, al mismo tiempo que contribuye a mejorar sensiblemente la calidad de vida en nuestras ciudades. No obstante, hay algo que la bicicleta no hace: generar flujos económicos inmensos hacia las aseguradoras, las compañías automovilísticas y las grandes empresas constructoras. Algunos ven esto con muy malos ojos.

por [Manuel Calvo y Ricardo Marqués] Integrantes de A contramano

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