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Propuestas para una educación emancipadora

Dejar la educación en manos únicamente del Estado se antoja, cuanto menos, arriesgado. Es una ilusión pensar, parafraseando a Paulo Freire, que las élites del poder vayan a propiciar un tipo de educación que las desenmascare más todavía de lo que ya lo hacen las contradicciones sociales en las que se encuentran envueltas. Ante esta realidad, la contestación se organiza de múltiples formas. Hay colectivos que siguen pensando que otra educación pública estatal es posible, y necesaria, y desde ahí construyen. Otras comunidades apuestan por crear otras formas de organización de la vida que sustituyan a las del Estado.

 

Una mirada alternativa

Hablar de educación alternativa es hablar de muchas educaciones, de todas las posibles alternativas que cualquiera pueda proponer ante la imposición del sistema español de enseñanza reglada como única opción educativa posible. Y opciones, hay tantas como personas, tantas como familias, tantas como niñas. No hay una educación alternativa, hay mucha gente que, ejerciendo su derecho natural a la duda, hace una propuesta alternativa a la educación convencional.

Que sea alternativa es una cuestión de espacio y tiempo, lo que aquí es una alternativa, en Suiza puede formar parte de la oferta privada y en Holanda ser directamente pública. Las apuestas de la Institución Libre de Enseñanza son ahora alternativas en España, mientras que en Alemania se integran en la propuesta pública del bosque-escuela.

La educación alternativa no está fuera del sistema, es una respuesta responsable ante las deficiencias del sistema en el que se integra. Aunque cueste mucho reconocerlo, lo alternativo ocupa una posición muy concreta e importante en el sistema. Es el loco y es el genio visionario, es lo que está al borde, lo que visibiliza los fallos del sistema. Creces cuando amplías tu límite; lo alternativo está marcando el límite del sistema, el lugar mismo por donde el sistema tiende a crecer.

Y, ¿quiénes son los artífices? Muy variados. Hay quien llega tras un mal trago en el sistema público y quien nunca lo ha probado. Los estudios sociológicos realizados no hablan de un contexto social determinado. Pero sí de un alto nivel de estudios; profesiones de los ámbitos cultural, social, educativo o terapéutico, muy activas y comprometidas socialmente.

¿Para qué se embarcan en el farragoso trabajo de poner en marcha un proyecto alternativo? La respuesta más generalizada es: «Quiero que mi hijx sea feliz». Se valora, sobre todo, ofrecer un entorno de respeto y libertad que permita el desarrollo de cada niñx a su ritmo, cuidando y protegiendo su interés y curiosidad naturales. Buscan ofrecer herramientas a lxs niñxs para crear relaciones sanas y de calidad, a la vez que entornos ricos en los que puedan satisfacer sus intereses según su etapa de desarrollo. Proponen un aprendizaje manipulativo y vivencial ligado a emociones positivas. Son filosofías holísticas que tienen muy en cuenta la salud emocional y el respeto por unx mismx y el entorno. Se vivencian valores como autoestima, cooperación, respeto, autonomía, autodisciplina, libertad, amor por la naturaleza, comunicación empática, agradecimiento, pertenencia, etc. Son los mismos objetivos de la educación reglada, la diferencia está en el orden de prioridades y las maneras de poner todo esto en pie cada día delante de lxs niñxs.

Y formas, toman muchas distintas, van desde la no escuela, hasta las distintas escuelas con metodologías respetuosas pasando por la escuela en casa. La no escuela, pareciendo la más radical, es sin embargo la más antigua, si tenemos en cuenta que la escuela tal como la conocemos hoy en día es un invento muy moderno, que nace de una necesidad productiva de la sociedad industrial. La no escuela parte de que cualquier coyuntura es adecuada para el aprendizaje y lxs niñxs no siguen una educación sistemática como pueden ofrecer algunas de las familias que hacen escuela en casa.

Las corrientes más dominantes son: Escuela Activa, Democrática, Regio Emilia, Waldorf o Montessori. Pedagogías —ninguna nueva, ya— que se proponen con distintos grados de purismo: Waldorf y Montessori se ciñen, quizá, más a los modelos propuestos por sus creadores, mientras que el resto suelen tomar, dentro de su propia estructura, aquello de cada modelo que más les encaja en su realidad particular.

Quizá la diferencia fundamental de estas escuelas la marca el grado de implicación de las familias. La mayoría son proyectos que surgen de familias que, inquietas con el desarrollo de sus hijxs, deciden unirse en colectivo y formarse para crear un espacio de aprendizaje. Que nunca se queda en un espacio para los peques, sino que da estructura también a la vida de los adultos y crea una comunidad de apoyo muy particular y cercana. Esto permite un trabajo muy conectado entre la casa y la escuela que es la base de un cambio de vida para muchas familias.

¿Su fortaleza más significativa? Sin duda, construir personas felices, posiblemente el acto más revolucionario que existe. La creación de comunidades responsables y concienciadas que, con su sola existencia, están cambiando la realidad hacia modelos más respetuosos con la vida. Actualmente, la neurociencia explica científicamente los motivos por los que este tipo de acompañamiento sirve tan hondamente a la construcción de la persona.

¿Y debilidades? Tantas como fortalezas. Estamos haciendo dos cosas muy importantes y muy difíciles juntas: crear y gestionar comunidades autónomas en un contexto de respeto a las necesidades de cada uno y hacer escuela. Las dos tareas para las que, solo por ser padres, no tenemos herramientas efectivas. Buscamos modelos en los que no hemos crecido, eso nos deja un poco desubicados y esa frustración a veces nos lleva al natural, pero poco práctico, movimiento pendular de rechazo a todo lo anterior.

Paralelamente hay que sostener económicamente proyectos que se convierten en escuelas «de pago», con una carga ingente de trabajo y tiempo de gestión, en un contexto de mucha ambigüedad legal. Tanto desgaste familiar hace su permanencia insegura y a los proyectos inestables. Aunque el número de proyectos crece exponencialmente, el alcance en número de niñas es muy limitado. De momento es solo para esas aguerridas familias que deciden desafiar al sistema. Esto implica una cierta sensación de gueto.

Pero el principal escollo que deben superar estos proyectos es el legal. Cada grupo encuentra su camino: unos son asociaciones sin ninguna actividad económica, otros ludotecas, otros complejos turísticos, otros gabinetes terapéuticos, otros madres de día, también hay guarderías privadas, colegios internacionales e incluso colegios privados españoles. Pero no existe un epígrafe que defina correctamente la actividad que realizan. No es pertinente que la única vía que ofrezca el Estado para legalizar esta situación sea obtener una autorización administrativa como centro de enseñanza reglado, puesto que ninguno de estos proyectos tiene como objetivo ofrecer esa enseñanza. Es cómico que, si quiero ser legal, todo pase por construir un cole con una infraestructura descomunal que solo posibilita un tipo de pedagogía, la que ya hay.

Todos estos proyectos son un derroche de resiliencia. Constituyen una apuesta local, de tamaño humano, autogestionada, integrada en el entorno y vinculada, de una comunidad por sí misma y para sí misma. Sin los impedimentos actuales, con un número moderado de niñxs, pueden llegar a ser económicamente sostenibles y el gasto por alumnx no sería jamás el de la escuela pública.

Pedagógicamente funcionan. Logísticamente… vamos a seguir encontrando el hueco. Lxs niñxs están aquí y lo están pidiendo, este cambio ya no se puede evitar.

Lara Vallejo

Madre de 3 niñas y cocreadora del proyecto Sendas en Aracena

 

La educación pública que queremos

La educación pública en Andalucía está siendo desmantelada, los derechos educativos que parecían intocables están siendo vulnerados. La privatización progresiva nos deja en manos del mercado.

Esta pérdida de inversión en la educación pública corre paralela a otra clave fundamental: la necesidad de modernizar la educación, conseguir que sea verdaderamente un arma de transformación social y personal.

Los funcionarios de la educación vemos como año tras año se cambian leyes que profundizan en el fracaso de la educación pública. Tanto el gobierno del PSOE como el del PP han contribuido al aumento de la ratio, la disminución del profesorado, la eliminación de materias claves como la historia del mundo contemporáneo o la filosofía. Los datos son claros, un ejemplo: la inversión en la educación concertada privada aumenta exponencialmente con la equiparación de complementos retributivos para el profesorado[1]. Estos profesores no pasan por ninguna prueba, solo un perfil que el director valore; el contrato es directo, no hay oposiciones. Es un hecho patente que todos pagamos una enseñanza privada en manos principalmente de la Iglesia, a la que el Estado colma de privilegios. Los centros públicos tienen que rendir cuentas al detalle del gasto que tienen, en cambio a la concertada no se le exige. Esto supone que el gasto de la pública tiene que disminuir si la partida presupuestaria es la misma o menor. Se estima por datos aportados por funcionarios, que la concertada recibe en muchas partidas un 20% más que la pública.

La actual ley educativa que está implantándose, la LOMCE, profundiza en crear una educación para una élite, haciendo continuas pruebas de contenido, levantando una barrera para que solo lleguen unos pocos a la meta. La pérdida de becas, el plan Bolonia y el encarecimiento de los estudios universitarios hacen que solo unos pocos, los que tienen dinero, puedan estudiar. Mientras que en la privada y en la concertada inflan las notas, porque lo demanda el cliente, en la pública, donde el profesorado es más fiel a los conocimientos del alumnado, cuesta más trabajo elegir la carrera.

El bilingüismo, lejos de ser una mejora para el sistema educativo, es un obstáculo más para que el aprender sea una barrera infranqueable.

A pesar de esta realidad, la comunidad educativa debe ser consciente de que la educación es un arma poderosa para cambiar y mejorar la sociedad, y debe luchar porque lo importante sea la formación de individuos conscientes que estén preparados para resolver problemas personales y sociales y les lleve a la emancipación. Denunciar esta política de robo encubierto a lo público es el primer paso para cambiar las cosas. La sociedad debe reclamar sus derechos, ser conscientes de lo que está pasando.

Centrándonos en el segundo punto, existirían, grosso modo, dos modelos educativos: un primer modelo en el que el alumno repetiría los contenidos sin elaborar nada propio, fomentando la competitividad y la obtención de un título, no el aprendizaje en sí. Se tiene la impresión de que lo que se aprende no es práctico, no sirve para nada y se olvida fácilmente. Es el modelo actual de la sociedad en la que estamos viviendo, acrecienta las diferencias sociales, la marginación. Solo unos pocos consiguen un título universitario. Las élites del país y el Estado a su servicio, son las que lo promueven.

El segundo modelo fomentaría la justicia social y el equilibrio mediante la oportunidad de una educación para todos. Partiría de la cooperación, el conocimiento del otro, la búsqueda del bienestar de la sociedad en su conjunto. Se encaminaría a desarrollar a cada persona partiendo de su situación inicial, de su entorno, es una educación desde y para la vida. Sus bases se encuentran en pedagogos como Ferrer y Guardia, Montessori o Paulo Freire. Actualmente, algunos métodos se están trabajando en algunas escuelas e institutos, pero la ley educativa es la que impone las finalidades de la educación.

Las leyes educativas se hacen para reforzar uno de estos dos modelos. Actualmente en España las políticas recortan gasto en educación pública y en democracia con la elección de modelos pedagógicos autoritarios y obsoletos. La mejora social no es lo prioritario, el empoderamiento ciudadano, menos. Las diferencias sociales, el fracaso escolar, la apatía por un sistema de títulos y no de una comprensión humanística de la educación, es lo que tenemos.

La UNESCO consideró en la cumbre de 2005 que los mecanismos para erradicar la pobreza partían de una profundización y un conocimiento de la cultura propia, consiguiendo el empoderamiento como base para desarrollar el emprendimiento individual y social.

Una educación emancipadora debe promover la adquisición de competencias tales como el pensamiento crítico, la elaboración de hipótesis y la adopción colectiva de decisiones.

Una educación que promueva la participación democrática debe trabajar en la propia escuela los principios de equidad, intentando paliar las desigualdades; la sostenibilidad, que supone que las acciones que hagamos no pondrán en peligro a las generaciones venideras; la productividad, en la que la teoría no es ajena a la vida y, por último, el empoderamiento, con el conocimiento de una misma y de su entorno.

El sistema de educación memorístico y homogeneizador debe transformarse en un aprendizaje que fomente el desarrollo de la creatividad para resolver necesidades humanas individuales y colectivas. Conseguir alumnxs felices, conscientes, equilibradxs afectivamente que conozcan la realidad en la que viven y puedan trasformar lo que no funciona. Es un proyecto educativo que nace de la idea del derecho a la igualdad de oportunidades que cada ser humano tiene respecto a los demás.

La escuela como espacio para la participación y la democracia es la llave para evitar regímenes tiránicos o autoritarios que eliminan explícita o implícitamente la participación ciudadana.

De estas premisas partimos para luchar por conseguir la educación que queremos.

Ángeles de la Torre

Doctora en Bellas Artes, profesora de Educación Secundaria de Dibujo y miembro de Marea Verde.

 

 


[1] BOJA del 10 de marzo de 2016 – 3. Otras disposiciones de la Consejería de Educación.

 

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