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Hiroshima, Fukushima y otros malos agüeros

Noche en Eurasia:

Despegas de Helsinki para, poco después, dejar atrás Petersburgo. Repites para ti, a modo de letanía, aquella premonición-promesa que aún espera su cumplimiento: La hierba en las calles de Petersburgo. Los primeros brotes de un bosque virgen que cubrirá las ciudades modernas. […] En verdad Petersburgo es la ciudad más avanzada del mundo. La carrera de la modernidad no se mide por metropolitanos o rascacielos, sino por el alegre hierbajo que se abre paso entre los adoquines de la ciudad (Osip Mandelstam. Gozo y misterio de la poesía [El Cobre Ed.]).

A bordo, las pantallas muestran la ruta que sigues. Se suceden los topónimos impronunciables: Syktyvkar, Khanty Mansiysk, Irkutsk… Recuerdas ahora otro vuelo, aquel que, con otro derrotero, llevó al filósofo Günther Anders al mismo destino: Japón. Su relato está contenido en el Diario de Hiroshima y Nagasaki, bitácora de un viaje a las dos ciudades aniquiladas incluido en Hiroshima ist überall (Hiroshima ubicua [Ed. C.  H.  Beck]), recopilatorio de sus textos sobre «la bomba». ¿Qué diría él, preclaro crítico de la técnica y su infierno, si supiera que el permafrost (suelo congelado) siberiano, es decir, la tierra que sobrevuelas, está empezando a derretirse a causa del calentamiento climático liberando con ello enormes cantidades de gases de efecto invernadero? [Sí, lo recuerdas, fue exactamente en ese punto en el que, superado por la enormidad de la catástrofe en curso, abandonaste la lectura del segundo volumen de En la espiral de la energía, de Ramón Fdez. Durán y Luís Glez. Reyes [Ed. Ecologistas en Acción]. ¿Qué diría él, insistes, si supiera que Japón ha sufrido recientemente un tercer desastre nuclear, en este caso civil, en Fukushima?

Su respuesta podríamos encontrarla en un breve texto de intervención cuyo título es ya bastante elocuente: Estado de necesidad y legítima defensa. Violencia sí o no [Ed. Centro de documentación crítica]. En él, una vez comprobada la inutilidad de manifestaciones pacíficas y performances, justificaba el uso de la violencia contra les responsables de un posible holocausto nuclear (emblema aquí de toda catástrofe de carácter antrópico).

 

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