02 Editorial - La Mari WEB

Debemos celebrar, o el momento de los peros…

Hemos ganao, la copa del meao… (Coplilla populá)

Las efímeras son unos pequeños y frágiles seres con dos o tres colas. Quizás sea el orden de insectos alados más antiguo en la Tierra. Ya de adultas, las efímeras son preciosas, muy bonitas, una materialización más de lo bello que la naturaleza puede llegar a generar mediante la organización de materia y energía que en algún otro momento constituyeron polvo de estrellas por organizar. Pero estos bonitos seres alados duran poco, solo unas pocas horas…

Así siento nuestras victorias, las de la gente, bonitas pero pequeñas, frágiles y efímeras…

Hay momentos en el continuo tiempo en el que parece que los astros se alinean o desalinean, y desde diferentes contextos se proponen y exponen ideas comunes. La última que me viene acompañando en varios de los espacios en los que intentamos ocuparnos de «cambiar el mundo» es la necesidad de celebrar nuestras victorias, de sentir que de vez en cuando ganamos.

Y sí, es cierto, de vez en cuando ganamos, pero…

No puedo, o creo que no quiero remediar, la sensación de que tras cualquier victoria conseguida por la gente, siempre nos salga un pero, o varios…

No es que quiera ser más agorera que Casandra, tampoco que me haya vuelto especialmente cínica, simplemente que me cuesta reconocer victorias definitivas en esos pequeños triunfitos —que nada tienen que ver, válgame, con ninguna de esas personas que se famosearon enseñando sus miserias mientras aprendían a canturrear—.

Queremos sentir que ganamos, necesitamos sentir que ganamos, pero ¿y si en esa búsqueda del triunfo hasta la victoria final nos estamos dejando temas por el camino? ¿Y si esos temas dejados de lado son aún más importantes que los éxitos obtenidos? ¿Y si lo que es un triunfo ahora se convierte en un marronazo mañana? O, ¿y si el triunfo de un*s poc*s perjudica a otr*s much*s?

Como siempre, tengo más preguntas que respuestas, pero haciendo caso de mis amig*s querid*s me dedico a celebrar.

Celebrar que hay muchas personas que se cuestionan los haceres hegemónicos respecto a la gestión de la salud o las relaciones laborales; que se revelan frente a modelos de ciudad al servicio del capital, vertebrados por el automóvil privado; que defienden con uñas y dientes los pocos espacios públicos que quedan; que reivindican que las calles deben ser algo más que pasillos por los que transitar sin compartir, sin socializar, de un lado a otro.

Celebrar que se denuncia la mercantilización de la generación del conocimiento, y que la gente se revela contra el Orden establecido y busca organizarse y construir de manera colectiva otras «reglas del juego» que no respondan simplemente a los intereses económicos de unos cuantos.

Y desde nuestra pequeña victoria, desde este «periódico-proyecto chiquetito» y que genera tantas alegrías, celebrar que llevamos 10 números, celebrar que más de 300 personas y entidades comprenden que El Topo es necesario y que debe seguir existiendo aportando unas su dinero, otras sus palabras, otras su arte, su tiempo o sus cuerpos si fuera necesario.

Todo esto merece ser celebrado, claro, aunque sinceramente, me cuesta ver victorias absolutas detrás de todo esto. Se frenan proyectos de macrococherones en una plaza, sí, pero en un barrio que ya ha sufrido un proceso de gentrificación de libro; la gente se organiza para defender una universidad desprivatizada, pero es que se está privatizando a marchas forzadas; nos organizamos en busca de relaciones laborales justas, de modelos de salud que tengan en cuenta la diversidad humana, pero desde lo oficialista no se hace. Y no quiero seguir poniendo peros, que ya sé que toca celebrar nuestras pequeñas victorias…

Quizás el debate no está en si debemos considerar las victorias absolutas o parciales. Quizás la cosa será cuestionarnos si debemos permitir que nos arrebaten la alegría, o si nos lo podemos permitir siquiera; aunque ganar, lo que se dice ganar, ganamos muy pocas veces.

Porque como ya dije antes, serán males menores, pero nosotras queremos bienes mayores. Y como dice una amiga muy querida que dijeron otras: ¡que no nos roben la alegría, nuestra mejor venganza es ser felices!

Salú y alegría

PD: Estostaganao.

por [La Topa Tabernaria]

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