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Cuando la conservación es sinónimo de explotación y expropiación

Reflexiones sobre la economía verde en Senegal

En la última década se ha expandido la idea de que la conservación medioambiental debe estimular el «crecimiento económico» (es decir, el beneficio capitalista). En el sector forestal esta perspectiva se ha materializado en la expansión del turismo de la naturaleza y en la creación de programas de pagos por servicios ecosistémicos (también conocidos como PES por sus siglas en inglés) en los que se remunera a individuos, Gobiernos, compañías privadas u organizaciones por su labor en la protección de bosques.

Este tipo de economías verdes han sido criticadas por convertir la naturaleza en una fuente de beneficio económico. Por otro lado, se dice que ni el turismo de la naturaleza ni los PES atacan de raíz de los problemas medioambientales contemporáneos, ya que permiten a empresas contaminantes participar en la protección de la naturaleza en lugar de poner límites a estas. La historia que a continuación relataré sugiere una importante y sin embargo poco explorada problemática: este tipo de economías verdes existen y sobreviven gracias a las relaciones de clase. En otras palabras, los más ricos las usan para mantener y aumentar su poder, y lo hacen a través de la explotación y expropiación de la clase trabajadora.

Os llevo a Niombato, un conjunto de pueblos en el delta de Sine-Saloum en Senegal en los que realicé trabajo de campo entre 2012 y 2014 y donde el turismo de la naturaleza y los proyectos PES de reforestación de manglar se han expandido recientemente. A partir de 2003 esta zona comienza a convertirse en un lugar atractivo para turistas de la naturaleza. Este es el año en que se crea el área protegida de Bamboung que, a través de un decreto de conservación, convierte 1800 hectáreas de manglar y 4000 hectáreas de bosque en zona de uso exclusivamente turístico. En su interior se construye un pequeño hotel, cuya construcción y mantenimiento son financiados por la agencia francesa de cooperación al desarrollo, en otras palabras, por lxs trabajadorxs que pagan impuestos en Francia. El proyecto está liderado por la ONG Oceanium, codirigida entonces por Jean Goepp y Ali Haïdar, medioambientalista senegalo-libanés mundialmente conocido, nombrado ministro de medioambiente de Senegal en 2012.

Mientras Haïdar recibe un gran prestigio mediático por su labor conservacionista, el área protegida (en teoría de gestión comunitaria) no cesa de crear dificultades para los habitantes de la zona. La recogida de moluscos y la pesca artesanal (con anzuelo o redes de pequeño tamaño) son, junto a la agricultura, la base de su supervivencia. Tras la creación del decreto de conservación, los pescadores y recolectoras de moluscos locales deben trabajar en manglares mucho menos productivos. Esto les genera pérdidas económicas de más del cincuenta por ciento, con lo que para sobrevivir tienen que buscar nuevas actividades económicas y por tanto trabajar más. Algunas de las mujeres que habían conseguido independencia económica con la recogida de moluscos tras separarse de sus maridos, deciden abandonar Niombato y volver con sus excónyuges. Otrxs dejan el trabajo en los manglares y emigran a Dakar, Banjul e incluso Europa o se convierten en empleados en negocios de turismo de la naturaleza en Niombato.

Oceanium informa mal (esto es, miente) a los habitantes de la zona. Les dice que la pesca y recogida de moluscos estarán prohibidas por medio año únicamente, a pesar de que el decreto establece un año de conservación. Al cabo de seis meses varios pescadores vuelven a los manglares del área protegida. Allí varios agentes del servicio estatal de parques nacionales les maniatan y llevan a comisaría. Pero ahí no termina todo. Para hacer del área protegida un espacio privado, la ONG decide de forma unilateral la extensión indeterminada del periodo de conservación.

Mientras, el área protegida genera miles de euros cada mes que van para los dos dirigentes de la ONG, los gerentes del hotel y el representante de Oceanium en Niombato. Este último se enriquece y sus vecinos lo notan. Tiene una empleada de hogar, un frigorífico y dos televisiones; algo que casi nadie en la zona se puede permitir. Lxs empleadxs, todxs personas originarias de Niombato, no perciben más de 80 euros mensuales. En 2010 este salario se ve reducido a 57 euros después de que un gerente del hotel reduce el número de días trabajados por empleado de 20 a 15. Un día, dos trabajadorxs toman el dinero de la caja del hotel y amenazan con quedárselo si el reparto de los beneficios en esta área protegida no empieza a ser equitativo. A continuación se les lleva detenidos y se les despide de su trabajo por ocho meses. Ambos tienen familias a las que mantener.

Los otros negocios de turismo de la naturaleza en Niombato no ofrecen mejores condiciones: salarios de entre 1 y 3,8 euros por jornadas laborales que suelen extenderse más de lo acordado. Los proyectos PES no generan más que cinco días de trabajo al año y pagan 1,5 euros por día plantando manglares y cinco euros por día recogiendo propágulos de manglar. Además, ni se informa o consulta a los habitantes de la zona sobre la ocupación de terreno que estas campañas de reforestación suponen (entre 100 y 200 hectáreas por proyecto).

Pero esta economía no es solamente clasista, sino también neocolonial. Permite a lxs europexs blancos continuar usando la tierra y el trabajo africano para sus propios intereses. En 2014 aproximadamente el setenta por ciento de los negocios de turismo de naturaleza situados en esta zona del Sine-Saloum es propiedad de europeos blancos de nacionalidad belga y francesa, mientras que los trabajadorxs son todxs africanxs y de la zona. El primer proyecto PES llevado a cabo en Niombato pertenece a un programa de las Naciones Unidas llamado CASCADE a través del cual empresas contaminantes francesas compensan sus emisiones de CO2 con campañas de reforestación en antiguas colonias de Francia en África Occidental. En Niombato la beneficiada es la compañía de agua embotellada Evian, parte del grupo corporativo Danone. Los otros dos proyectos PES también son liderados por gobiernos y ONGs europeos (Francia y Países Bajos).

Como sugiere la historia de Niombato, la conservación medioambiental es siempre un proceso social y por tanto está sujeta a relaciones de opresión. Aunque el capital y el Estado se vistan de verde, su esencia es y seguirá siendo la expropiación y explotación de la clase trabajadora. Que cada cual resista como pueda.

 

Rocío Hiraldo, antropóloga en la University of East Anglia

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